• Caracas (Venezuela)

Carlos Aguilera

Al instante

Chávez, Sai Baba y Maduro

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“Siempre es grande, siempre es noble conspirar contra la tiranía, contra la usurpación y contra una guerra desoladora e inicua”. Simón Bolívar

El polémico Padre Palmar, sacerdote disidente de las filas del chavismo denunció en cierta ocasión los estropicios que perpetra el régimen, y expresó que en una visita que efectuó al Palacio de Miraflores, en su sótano, había un templo santero y daba fe de su afirmación, manifestando que lo comprobó personalmente, pues cierto día bajó al lugar acompañado del que era jefe de la Casa Militar de la época, y allí se encontró con “santeros cubanos portando en sus manos gallinas, templos de sacrificios con sangre de cualquier animal y un hedor insoportable”.

La relación conexa del extinto comandante galáctico con las fuerzas sobre naturales era “vox populi”, pese al hermético silencio que sobre el tema guardaban las personas de su entorno, los agentes de los anillos de seguridad y  sus allegados, sin embargo, trascendía que constantemente viajaba a Cuba para hacerse sortilegios y demás elementos afines, que algunos los califican como ensalmes, conjuros o hechizos. Desde entonces, en los corrillos políticos se comenzó a manifestar que en el país lo que teníamos era una pelea espiritual, es decir, estaba planteado “una lucha del bien contra el mal”. No había duda que Sai Baba  hacía presencia en la mentada revolución socialista del siglo XXI.

Artistas, políticos y funcionarios de diversos países han revelado e incluso difundido abiertamente su “devoción por el denominado Sai Baba, aun cuando existen denuncias de sus ex fanáticos que han revelado algunos aspectos desconocidos y oscuros de su vida. En el caso de nuestro país, la presencia del mítico ciudadano nacido en la India llegó en la sede del poder ejecutivo, el Palacio de Miraflores, es evidente  y trascendía que no solo el extinto comandante galáctico solía frecuentar su altar, sino también algunos de sus más cercanos colaboradores, entre otros Nicolás Maduro, quien en cierta ocasión viajó en compañía de Cilia Flores con quien no había contraído nupcias todavía, a la región de Bangalore dónde se encuentra el denominado Prasanthi Nilayam (La Morada de la Paz Suprema), algo así como una especie de centro de adoración.

Y la sede de la Asamblea Nacional no escapó de la presencia de ciertos elementos alusivos a Sai Baba, los cuales su presidente Henry Ramos Allup ordenó limpiar de “fetiches necrolátricos y objetos de bujería”, como lo refirió en su cuenta personal de Twitter en la cual comentó que “se limpió las instalaciones del Parlamento y lo seguirán haciendo en todo el país, pues solamente se mantendrán los símbolos patrios”. Rumores en el ámbito de la sede del Poder Legislativo, el Capitolio, refieren que “el ambiente dejó de ser pesado tras haber sido limpiado espiritualmente”.

Pero ni el llamado “Maestro Divino”, considerado una encarnación de Dios, venerado desde que tenía 14 años, y quien  se sentía enviado para restablecer la  rectitud eterna en procura de la paz, ha logrado que Maduro su fiel devoto supere la crisis económica y social, evite el desempleo, elimine la inseguridad, acabe con la corrupción, procure el abastecimiento de alimentos y medicinas, mejore los servicios públicos, luche frontalmente contra el narcotráfico, deje de lado las constantes amenazas al sector productivo del país y al empresariado, y no acuse obstinadamente a la que califica burguesía parasitaria y al imperialismo de Estados Unidos, de conspirar, y últimamente de atentar contra su vida. No hay duda alguna de que el régimen chavista socialista dizque bolivariano, tiene como creencia religiosa principal la santería, y ello quedó demostrado cuando se profanó la tumba del único Libertador que ha parido la Patria, pese a la persistente y necia intención de procurar ubicar al hijo de Sabaneta, en tan privilegiado pedestal de la historia venezolana.

No ha podido Maduro pese a la doctrina de Sai Baba, practicar los principios de la verdad, rectitud, paz y amor, pues al parecer no persigue este propósito – tal como lo ha demostrado desde que asumió el poder– aun cuando en su diaria meditación y rezo del rosario de 108 cuentas y la utilización de la sílaba sagrada OM, que en la literatura Sai es para servir a los necesitados, divague su mente más allá de sus diabólicos propósitos para mantenerse en el poder, en uno de los momentos más críticos que registra la historia del país, desde la fundación de la república.

Quizás por esta razón, su denodado empeño en desconocer la legitimidad del poder legislativo, al que por intermedio de sus oficiantes en el seno de la Asamblea Nacional y en el Tribunal Supremo de Injusticia, sabotea cuanta ley y moción sea aprobada con la mayoría de los votos del cuerpo legislador. Su juventud militante de la Liga Socialista, formado en Cuba y célula preponderante de la izquierda a fines de los años ochenta, con toda probabilidad le hace suponer que su delirante adoración a la revolución cubana y a los dueños de la patria de Martí, se debe imponer en nuestro país a troche y moche, y por ello ha llegado al extremo de permitir ondee en las instalaciones militares la bandera cubana y hasta retratos del octogenario y sanguinario Fidel Castro, amén de la presencia de altos oficiales de la isla en el Ministerio de la Defensa, e instituciones militares y agentes del G2 en despachos de la administración pública., como Notarías, Saime y otros.

Maduro tilda de injerencia en los asuntos internos de Venezuela, a quien opine sobre la deplorable situación que vive el país, y llega a calificar este hecho como violación de su soberanía. Pero y cómo se pude calificar la presencia de miles de cubanos y la rendición de sus cuentas a los hermanos Castro, para cuyos fines viaja periódicamente a la isla y sin ningún recato y recelo manifiesta abiertamente, que acude para consultar la opinión del ahora hombre fuerte, Raúl,  después de la claudicación política del hermano mayor, que en reciente aparición por televisión anticipo su partida de este mundo terrenal.

Como bien afirma Rubén Machaen en un artículo publicado en la revista Exceso, “entre el catecismo de Marx y las enseñanzas de Sai Baba, el heredero de la revolución surfea en una mar de creencias contrapuestas. Por un lado venera al líder religioso de Puttparthi –señalado de pederasta y multimillonario a costa de la fe de los demás– y por otro se declara católico antiimperialista y amigo de Fidel Castro”. Una recurrente contradicción a la que ya el pueblo venezolano se ha acostumbrado, y que lo tiene sofocado e inmerso en una laguna mental que le hace incurrir en tremendos dislates, en sus casi diarias apariciones televisivas, en las que siempre sale mal parado y expuesto a la grosera sátira.

Maduro seguirá empeñado en desconocer todo cuanto a su juicio estime lo perjudique políticamente. De allí su desacato el ordenamiento legal y constitucional, que le obliga a  cumplir al pie de la letra lo que en ella se estipula, entre otros, de acuerdo con los artículos 41 y 227, determinar si nació en Venezuela, caso contrario estaría usurpando el cargo de Presidente de la República, lo cual obligaría a ser destituido en un plazo muy perentorio. Su pertinaz silencio se ha prestado a las más diversas conjeturas en todos los sectores de la vida nacional, sin exceptuar el estamento militar en cuyo cuerpo los hombres de uniforme en situación de retiro, solicitan su destitución, tal como lo manifiestan en documento público por intermedio de Enrique Aristeguieta Gramcko, fechado en días recientes y publicado en los medios de comunicación nacionales e internacionales.

El reloj de la patria ha comenzado hacer tic…tac..tic..tac… y los venezolanos ansiamos que el sacrificio al que hemos sido sometidos durante casi 18 años, culmine pronto para evitar seguir padeciendo las calamidades , estropicios y abusos de poder de un régimen al que nada le importa, haber generado la más profunda crisis económica, política y social que se pueda imaginar en toda la historia, la cual ha obligado a más de un millón quinientos mil venezolanos a abandonar la patria en procura de nuevos horizontes, y mermar la calidad de vida de millones de hogares carentes de alimentos y medicinas. Es hora ya de que se acabe esta horrible pesadilla, y como buenos cristianos elevamos nuestra oración: “Te lo pedimos señor”

careduagui@gmail.com //@_toquedediana