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Una vieja senda que baja de la montaña

El Camino de los Españoles conecta con el Ávila a través de Puerta Caracas, vecina de La Pastora, Los Mecedores y El Polvorín, trama urbana de gran potencial peatonal

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Puerta Caracas pertenece a los límites de la ciudad. Allí lo urbano se va diluyendo hasta transformarse en otro paisaje. Su existencia está asociada al viejo Camino de los Españoles, un brusco y empinado sendero que se abre paso en la montaña, alrededor del cual (como en tantos otros lugares de la ciudad) ha ido tomando forma una peculiar trama de casas. Columnas, vigas, muros y paredes se ajustan a la irregular topografía, donde es habitual la mezcla de pendientes de espesa vegetación con taludes apuntalados por pantallas de concreto. Esos ascensos y descensos producen múltiples texturas y ayudan a crear extraordinarios e inusuales espacios.

Anterior a toda ciudad, el camino va creando los atributos del lugar, sus dimensiones (esa anchura que se mantiene fija en casi toda su extensión) contribuye a que la morfología del barrio ofrezca amplios corredores visuales desde los cuales es agradable contemplar la capital. A ese interesante paisaje se suma su historia y su fuerte identidad religiosa, simbólica y cultural, pero por sobre todo, y a pesar de las dificultades que ofrece, es en esencia un sendero para caminantes, una ruta por la cual se puede salir a pie de la ciudad (asunto que hoy para muchos resulta innecesario e impensable) y ello contribuye a su potencialidad como espacio turístico y de recreo.

Un museo al aire libre (fachadas de casas pintadas, cabezas de mulas que sobresalen de las paredes, aceras coloridas, esculturas sentadas en los rellanos), llevada a cabo por los consejos comunales de la zona contribuye a que el lugar sea una interesante experiencia; sin embargo, la falta de mobiliario urbano y lugares donde detenerse a tomar un jugo o un café refuerzan la idea de que el lugar es solo un camino de paso y no un espacio para detenerse a disfrutar.

En la estructura metálica en forma de arco que marca el punto donde se “cruza” Puerta Caracas se produce una ruptura entre ese espacio lúdico y la ciudad cotidiana. Y aunque existen claves comunes entre un lado y otro, y las texturas urbanas de El Polvorín, La Pastora y Los Mecedores tienen mucho en común, se marca la separación.

Un par galpones industriales y dos casas al final de la calle Real de La Pastora dan cuenta de que la potencialidad del lugar está de cualquier lado de la Puerta. Pero no existe vinculación entre el monumento a José Félix Ribas (un espacio donde se dice estuvo expuesta su cabeza y que mantiene un aire de solemnidad) y la senda artística de Puerta Caracas, a pesar de que fácilmente podría formar parte de la narrativa histórica de próceres e independencia, muy presente en el museo al aire libre. Pero aquí, como en tantas otras veces, la ciudad se siente desgajada, sin relación entre espacios del mismo talante o la misma intención que de integrarse constituirían lugares más ricos y con mayores posibilidades.


Arte en la calle

Entre los años de 2004-07 los consejos comunales vinculados al camino y la entonces llamada Alcaldía Mayor llevaron a cabo un proyecto que denominaron Museo al Aire Libre. Consistió en la realización de intervenciones artísticas en las casas que bordean el camino. Participaron artistas nacionales e internacionales, consagrados y no, logrando un interesante espacio que se puede transitar observando diferentes propuestas que se integran a las texturas, formas y materiales de casas, aceras y muros. Desde el arco de entrada y durante gran parte del camino se aprecian obras de Vivian Asapche (Cinco muros para Petra), Asdrúbal Figueras (El camino de los arrieros), José Castillo (El peso de la memoria), Gustavo Machado (Libertad), Rufino de Mingo (La nube roja) y otros artistas. Esta iniciativa se ha quedado un poco en el olvido (y el descuido), mermando su enorme atractivo para la ciudad en un espacio que forma parte de nuestra memoria histórica y patrimonial.