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“A raíz de las protestas, me reencontré con la ciudad”

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Luna Arroyo tiene 36 años y es fotógrafa aficionada. El 12 de febrero, cuando empezaron las protestas, salió a la calle a retratarlas. Perdió su cámara porque la Policía Nacional Bolivariana se la “llevó detenida”. Así le dijo el funcionario. El equipo quedó preso, pero no su afán por ayudar. “A raíz de toda la situación que hemos vivido durante los últimos meses yo me he reencontrado con Caracas, con sus calles, con sus iglesias. Inclusive con sitios a donde no quisiera tener que volver a ir, como la Guardia Nacional y el Sebin”, confiesa.

Arroyo ha apoyado a los muchachos que fueron detenidos por protestar y continúa haciéndolo con los que siguen en los calabozos. Recolecta ropa, agua, comida, libros, cualquier cosa que puedan necesitar. “Trato de llevarles algo de distracción. Creo que es sano entre todas las cosas feas que viven allá adentro”.

Su timeline de Twitter registra una bitácora de su solidaridad. En los últimos meses hay fotos en las que acompaña a estudiantes que salen de la cárcel, de tortas que ha llevado hasta la comisaría de La Dolorita para celebrar el cumpleaños de los que siguen en prisión.

Hay quienes creen que los espacios públicos quedaron relegados por las manifestaciones. Ella lo prefiere así. “Es mejor ver a los estudiantes en una plaza luchando, alzando su voz por un mejor país, que ver a un delincuente en esa misma plaza robando a una familia”.

Quizás por eso cree que la lista de problemas que Venezuela debe solucionar con urgencia la encabezan la inseguridad y el estado de los sistemas judicial y penitenciario.

“Veo a Caracas triste. Opacada. Torturada. Creo que a cada una de las personas que les ha tocado sufrir tanto en estos últimos cinco meses deja esos sentimientos plasmados en nuestras calles”, se lamenta.

Luna se define como miembro de la sociedad civil y también es activista. Hace 3 años puso en marcha la fundación Hatillo Sonríe, y hace año y medio la replicó a mayor escala con Caracas Sonríe. En ambas hace gestión social con niños de zonas rurales.