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El precio de trabajar en el sector público

Efectivos de la Guardia Nacional Bolivariana | AVN

Efectivos de la Guardia Nacional Bolivariana | AVN

Administrar el salario de un maestro, profesor universitario, oficial de policía o médico tipo I pareciera ser un arte solo logrado con sacrificio 

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La vida de Isabel Morales, maestra en la Escuela Rómulo Betancourt en Guatire, estado Miranda, gira alrededor de los 3.626 bolívares que devenga mensualmente. Dice que las deducciones salariales, la inflación, la manutención del hijo de 6 años de edad, el pago de transporte y el condominio de su vivienda en Bello Monte, en Caracas, abrieron una especie de abismo en su bolsillo que disuelve el sueldo en cuestión de horas: “Si no tuviese a mi mamá, no podría vivir. Realmente cuento con 1.100 bolívares, aproximadamente, para sobrevivir cada 15 días. El sueldo me dura pocas horas”.

Administrar el salario de un maestro, profesor universitario, oficial de policía o médico tipo I del sector público, por ejemplo, pareciera ser un arte sólo logrado con sacrificio en el país. Morales ha cambiado horas de descanso, recreación y de compartir con su único hijo para conservar el trabajo. “Ya llevo 18 años en esta labor. Hasta hace poco podía ofrecer tareas dirigidas y engordar mis ingresos, pero la situación económica redujo poco a poco el número de clientes. Ni siquiera puedo ver más tiempo a mi hijo, sólo estoy completamente con él en la noche. Perdí de vista la última vez que visité un restaurante o me di un lujo”.

Es una crisis sentida en los cuerpos de seguridad del Estado. Un oficial de la Policía Nacional, en grado 1, que prefirió no identificarse por miedo a represalias, asegura que debe sostener a su familia a fuerza de dormir, apenas, entre 3 y 4 horas diariamente. “Soy como un zombie. Trabajo en el día como policía, pero en la noche me dedico a ofrecer seguridad privada en locales. No duermo casi, eso me está pasando factura, pero debo mantener a cuatro niños. Hago un esfuerzo para ganar dinero de manera honesta”, explicó.

Confiesa que el trabajo casi esclavizante es preferible antes de pertenecer a ese 7,6% de la población desempleada en el país. “Hago de todo porque peor sería dejar a morir de hambre a mis hijos”, agregó.

Para Josué Bonilla, investigador del Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales de la Universidad Católica Andrés Bello y autor del libro Remuneración del trabajo, los bajos sueldos influyen en la calidad laboral. “Está comprobado que el salario puede motivar o no a una persona en su jornada diaria. Si un trabajador percibe que no se retribuye su esfuerzo de manera equitativa, podría restar eficacia a sus obligaciones laborales. Eso es observado con frecuencia en la administración pública”, dijo.

Por pasión. Carlos Villarino, profesor de la Escuela de Comunicación Social de la Universidad Central de Venezuela, se dedica a tiempo completo a la docencia. Aunque su salario de 5.255 bolívares no cubre la canasta básica (superior a los 11.500 bolívares), no abandona su labor. “Mis gastos mensuales superan el doble o el triple, probablemente, los ingresos que recibo de la universidad debido a que pago alquiler, comida, transporte y vestido. Debo trabajar también como psicólogo clínico en una fundación, pues no me alcanza el salario de la universidad. Si viviera únicamente del salario de profesor, no podría acceder a ciertos bienes y servicios”.