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El Estado contra el peatón

Aceras en mal estado / Leonardo Guzmán

Aceras en mal estado / Leonardo Guzmán

Un rayado fuera de lugar, un elevado que fracturó el espacio urbano y un montón de obstáculos en las aceras, incluidos basura y decenas de carros

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Volvieron a pintar el rayado peatonal cerca del Parque del Este. Quedó impecable. El único problema es que está fuera de lugar. El semáforo que lo acompaña también quedó de adorno. Para que fueran útiles bastaría moverlos 50 metros al este, por donde cruza la gente, entre la salida de la estación del Metro y la entrada del parque.

Pero no es lo único fuera de lugar. Con la apurada inauguración del elevado de Los Dos Caminos (una inversión desproporcionada) dos días antes de las elecciones municipales, apareció pintada la demarcación vial de ese segmento de la avenida Francisco de Miranda, incluido el rayado mal localizado. ¿Sincronía no premeditada entre gobiernos local y nacional? A pesar de que se diga lo contrario, Caracas padece de una inercia mancomunada que privilegia a los conductores de vehículos particulares en vez del peatón, usuarios del transporte público y ciclistas.

De manera inconsulta, el Ministerio de Transporte Terrestre construyó el innecesario elevado que menoscaba el espacio público y deteriora la calidad espacial y ambiental del entorno. La filosofía ministerial es clara y recurrente: concreto, pilotes y asfalto, infraestructura vial para privilegiar la circulación del vehículo particular. No tuvo importancia que la construcción del elevado atentaba contra la necesidad de integrar el Parque del Este (Inparques), el Museo del Transporte y el terminal de pasajeros de Peli Express (particulares), el Parque Miranda (Gobernación de Miranda), la plaza Miranda y el paseo La Carlota (Alcaldía de Sucre).

El elevado acelera la tendencia, común en todas las estructuras caraqueñas de ese tipo, de convertir el entorno en áreas hostiles e intimidantes para el viandante. Debajo del elevado no hay rayados ni rampas peatonales, tampoco señalización que obligue a reducir la velocidad de los vehículos. Las aceras del lado sur se angostaron y en ellas dejaron sembradas bases de inexistentes postes de luz.

La obra dejó importantes desniveles y obstáculos en las aceras de todo el trayecto, desde grandes soportes metálicos, carteles, cilindros de concreto, hasta montículos de arena. Como muestra de que el interés aquí no era el transporte público, no demarcaron paradas de transporte, antes y después del elevado, así que la gente debe apelar al clásico “donde pueda” para bajar o abalanzarse a la calle frente al bus para poder tomarlo. Para rematar, al lado del elevado (donde este año está el galpón de la Feria del Ateneo), los conductores han asumido la acera como estacionamiento.

A pesar de obras a favor del peatón (bulevares y plazas) casi se puede afirmar que existe un ensañamiento contra él desde diversos ámbitos del Estado. Donde se pudo concertar una transformación para una Caracas integrada y humana, que interconectara parque, gimnasio, museo y plaza, se impuso la inercia y actuó a golpes y realazos el Ejecutivo nacional. Pero el Estado es una estructura que en cierta forma reproduce los deseos y vacíos de la sociedad que lo sostiene (o que lo justifica). Le toca al peatón, es decir a la gran mayoría, presionar en todas las instancias para reafirmar sus derechos y conquistar sus espacios.

Con la convocatoria de la plataforma Peatones Activos (Ser Urbano, Una sampablera por Caracas y Caracas a pie) pintamos un rayado donde correspondía, entre el parque y la estación de Metro. Los peatones celebraban nuestra acción. Eso fue el 9 de febrero de este año y desde entonces no ha habido reacción (ni buena ni mala) de la Alcaldía de Sucre. De nuestro rayado apenas quedan vestigios y la gente (incluyendo personas con muletas, en sillas de ruedas, ancianos y niños) sigue allí, toreando motos, carros y autobuses. Y el rayado oficial continúa impecablemente sordo.