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El Mirador es una opción poco accesible

El Mirador Boyacá en la Cota Mil / Omar Véliz

El Mirador Boyacá en la Cota Mil / Omar Véliz

Los vehículos que se habían habilitado para trasladar visitantes al lugar, se destinan ahora a cubrir otras rutas

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Caracas luce apacible desde el Mirador Boyacá, en la Cota Mil. En ese rincón de la falda del Ávila la ciudad se abstrae del ruido y se convierte en una oportunidad para escapar del caos. Aixa Mendoza visitó el mirador por primera vez el jueves en la noche, pese a que el lugar fue recuperado hace más de tres años por el Gobierno del Distrito Capital.

La administradora fue con su esposo y sus dos hijas. Entró al mirador casi por casualidad, para alejarse del tráfico cuando la lluvia arreció. “Vinimos a ver. Siempre pasamos por aquí, pero nunca nos habíamos detenido por la misma rapidez con la que se vive el día a día”.

En el mirador hay tres comercios que ofrecen comida, dos parques infantiles, estacionamiento para vehículos y motos, y los martes y jueves es escenario de clases gratuitas de taichi, a las 6:00 pm, y de yoga, a las 7:00 pm; los domingos a las 9:00 am ofrecen bailoterapia.

Al entrar, lo primero que se observa es la Campana de la Amistad Corea-Venezuela, donada por el Gobierno de Corea del Sur por el bicentenario de la Independencia. Se trata de una réplica a pequeña escala de la campaña más popular de ese país, que los asistentes pueden hacer sonar.

Roberto Amarista, profesor de taichi, no pudo dar clases el jueves porque la lluvia no lo dejó: “He dado clases tanto a 1 persona como a 20 porque el acceso a las 6:00 pm es complicado. A esa hora es difícil llegar aquí y la falta de transporte público con esta ruta lo hace más difícil”.

A mediados de 2010 –con la reinauguración­– el Gobierno del Distrito Capital habilitó una ruta de transporte para subir al mirador. Las paradas estaban en el parque Arístides Rojas y en la plaza Andrés Bello. A la Comuna Amalivaca, que en principio tuvo la responsabilidad de hacer mantenimiento al mirador, le otorgaron cinco rústicos para poner a funcionar una ruta comunal que se tomaba en el teleférico Warairarepano.

“La ruta no fue viable. Las unidades que dispuso el Distrito Capital se quedaban paradas todo el día porque muy poca gente las utilizaba. La idea primaria de los rústicos era esa, pero no había afluencia. Ahora los tenemos para hacer labor social y los fines de semana cubrimos la ruta del teleférico hasta Plaza Venezuela”, explicó Marina Rivas, vocera del consejo comunal Simón Rodríguez.

Revivir el sitio

Gonzalo Quintero se reincorporó a las clases de taichi hace dos semanas. Recuerda que hace más de un año, cuando empezaron, la actividad tenía más empuje: “Había publicidad. Llegaba un autobús del Distrito Capital con gente que venía a practicar, ponían música de relajación y traían agua de flor de Jamaica. Siento que ha bajado un poco el apoyo, aunque como iniciativa es excelente”.

Integrar el mirador a la ciudad es uno de los retos que tiene el Gobierno del Distrito Capital para hacerlo sostenible. Sandra Ornés, directora del Instituto de Estudios Regionales y Urbanos de la Universidad Simón Bolívar, indicó: “La Cota Mil es una barrera que no permite que el ciudadano llegue a pie. Es necesario evaluar de qué manera se puede facilitar la interacción peatonal, como se hizo en Pajaritos”. Ignacio Cardona, profesor del Departamento de Diseño, Arquitectura y Artes Plásticas de la USB, propuso la instalación de un equipamiento de uso público, como una escuela, hogar de cuidado o iglesia, que asegure la presencia constante de visitantes en el mirador.

Los viernes en la tarde suele haber música en vivo e instalan puestos de comida adicionales. 

La Cifra

2,8 millones de bolívares invirtió el Gobierno del Distrito Capital en la recuperación del sitio. Las obras empezaron en julio de 2009 y para ese momento la inversión prevista era de 550.000 bolívares