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Un mes viviendo en la zona de guerra

Un mes viviendo en la zona de guerra / Leonardo Noguera

Un mes viviendo en la zona de guerra / Leonardo Noguera

Algunos residentes de Altamira Sur han aprendido a lidiar con los gases, otros han optado por irse

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Altamira es una zona de guerra, como la identifica un graffiti pintado en el Obelisco de la Plaza Francia. Los residentes de la urbanización han aprendido a diferenciar entre gas lacrimógeno y gas pimienta, dan rodeos para poder llegar a sus casas pasadas las 5:00 pm y saben que después de esa hora deben cerrar herméticamente sus ventanas para resistir otra tarde de humo y detonaciones. Un mes de manifestaciones les ha enseñado que alrededor de ese momento comienza la batalla entre funcionarios de la GNB o la PNB y los manifestantes que más temprano se atrincheran en la Plaza Altamira. Piedras, palos y botellas van y bombas lacrimógenas y perdigones vienen por las avenidas Luis Roche y San Juan Bosco, que cada día amanecen llenas de escombros, basura y restos de la refriega.

“Me dieron un secreto muy bueno. Para paliar los efectos del gas mostaza funciona el vapor que se desprende del agua cuando hierve”, afirma José Noria, de 82 años de edad y residente de un primer piso. Sufre de enfisema pulmonar y pese a eso prefiere encerrarse en su apartamento que irse a otra parte. Quienes tienen niños pequeños se los llevan a los pisos más altos para contrarrestar el efecto de los gases. Otros han optado por irse o por enviar a los adultos muy mayores a las casas de familiares o amigos.
De los 30 días de protestas, uno lo recuerdan con particular horror: el domingo 2 de marzo. Ese día la GNB los obligó a escuchar a todo volumen y por más de 4 horas música llanera, alarmas de carros, sirenas de ambulancia, ruidos de aviones y la voz del fallecido presidente Hugo Chávez declamando poemas. Esa misma fecha casi se incendió la casa de Carlos Jiménez por la acción de unas de las bombas. 
“Se prendió el techo. No sé cómo salí vivo de aquí. Fue un infierno”, recordó Jiménez. Como resultado del incendio su casa se quedó sin servicio de luz y de agua. No perdió su vivienda porque una de sus vecinas se subió al techo y con la ayuda del tanque de agua y una manguera apagó las llamas. Jiménez se dedica a la cría de aves y muchas han muerto por el efecto de los gases. El hombre cuantifica sus pérdidas en 50 mil bolívares. Después del incendio pasó más de una semana fuera de casa, no volvió hasta que le restituyeron el servicio eléctrico. 
Antes del incendio, cuando empezaba el bombardeo de gases se encerraba en el baño a esperar que pasara. Ahora, no se queda en casa más allá de la 1:00 pm. Se va a casa de una vecina que le da asilo, a cambio de compañía. 
“Esta es una guerra absurda entre venezolanos. Y no quiero más muertos, de ningún bando. Si no vendo animales, no como. Hay que buscar la manera de conciliar”, dijo Jiménez.
Al barrer el patio de su casa, Jiménez ha recogido decenas de cartuchos de lacrimógenas. 
 
Cuantificar daños. Los árboles están rotos porque las bombas lacrimógenas han quebrado sus ramas. Sin embargo, Roberto Juan Piere señala como curiosidad que en un mes de protesta los manifestantes todavía no han roto el primer vidrio a alguno de los apartamentos.
“Ha sido traumático, doloroso y literalmente asfixiante. Hemos vivido un bombardeo. La desproporción del uso de los gases. A parte de la disnea, hemos sufrido daño emocional”, afirmó Verónica Carrasco.
Los residentes de El Dorado conformaron una comisión de seguridad, que entregará un informe a la Alcaldía de Chacao con el inventario de daños. Su prioridad es que vuelvan a colocar las tapas de las alcantarillas y de los servicios públicos. La plaza Manuel Caballero, inaugurada hace 4 meses, también ha sufrido los estragos de los enfrentamientos. Giovanna Fantín, miembro de la comisión dijo: “Los manifestantes cambian, pero nosotros siempre somos los mismos y hemos sido quienes más hemos sufrido los efectos de la represión y del abuso en el uso de los gases”.
Cada edificio se ha organizado e identificado a sus residentes más vulnerables: ancianos y niños asmáticos, para brindarles ayuda en caso de ser necesario.
La Alcaldía de Chacao orienta a las comunidades organizadas en asambleas en la preparación y ejecución de planes preventivos.
 
En la plaza. Los residentes de El Dorado han visto cómo ha cambiado el proceder de los manifestantes. Las barricadas son más altas, de manera que les de tiempo de huir antes de que los atrapen “los cazadores”. Así llaman a los funcionarios que van en moto. Algunos llevan escudos de zinc y otros máscaras hechas con botellas de refresco, que les cubren los ojos. En la boca de la botella tienen telas impregnadas de vinagre o con Maalox. 
La plaza Altamira es su punto de reunión. Allí reciben la ropa, comida, agua y en algunos casos hasta los cauchos, que les llevan los vecinos del municipio. 
Un estudiante que mantiene la protesta en la Plaza Francia tiene un mes sin ir al liceo. No le importa perder el año, si en el proceso consigue “una Venezuela mejor”. Por la acción de los gases ha estado inconsciente dos minutos y recibió el impacto de una lacrimógena en un pie. Pese a eso no se rinde. Asegura que el mes de protesta sí ha rendido frutos: “Nos hicimos escuchar. Hay un cambio de actitud de los venezolanos. En el país puede haber silencio, pero internacionalmente no”.
Por ahora, agrega, la protesta continúa.