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El llanto cubrió el asfalto

El pueblo da un último adiós al mandatario | AVN

El pueblo da un último adiós al mandatario | AVN

Seguidores del presidente Hugo Chávez recorrieron desde San Martín hasta Los Próceres para darle el último adiós

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Cubierto con el tricolor patrio y apoyado sobre una alfombra de crisantemos blancos salió ayer, a las 11:05 am, del Hospital Militar el féretro el presidente de la república Hugo Chávez Frías.
Los seguidores del mandatario, que permanecían a las puertas del centro hospitalario desde el martes en la noche, no ocultaban su pesar. Con rosas rojas, pancartas con el rostro del líder, banderas o afiches, la mayoría de los presentes gemían y se abrazaban entre sí, rogando al cielo por una explicación que justificara la partida de su comandante.
El momento fue catártico. Jorge Franco se confesó triste y aseguró que si con Chávez se levantó a las 3:00 am para ir a votar, por la revolución lo haría más temprano. Mireya Quintero se colocó un velo rojo sobre su cabello para denotar tristeza e introspección. Ana Rodríguez dijo que fue a darle su corazón, pues Chávez le había dado el suyo. Y así, cada cual quería relatar su historia de agradecimiento mientras se secaban las lágrimas.
“Con él saqué la primaria, a través de la Misión Robinson. Mi vida es para Chávez”, gritaba Otilia García. “Por él logré la pensión para mi hija discapacitada”, explicaba entre sollozos Doris Muñoz. Mientras, una mujer blanca de ojos verde aceituna vociferaba que nadie quería el pésame proveniente de la oposición: “El pésame se lo vamos a dar a Maduro con nuestros votos”, dijo sin querer ofrecer su identidad.
Tres cornetas inmensas, colocadas frente al hospital, difundían la voz y los acordes de la guitarra de Alí Primera. Era, al mismo tiempo, la evocación de un sueño, una promesa. Las melodías de Canción Mansa para un pueblo bravo y de Abrebrecha rasgaban el aire y los corazones. La repetición se alternaba a ratos con Hany Kauam y también con el sonido de la diana. Chávez se había inmortalizado: apenas el carro fúnebre que trasladaba su cuerpo se asomó a las puertas del hospital, empezó a sonar el Himno Nacional cantado por él mismo.
El cortejo fue seguido por aire y tierra. Mientras 2 helicópteros de la policía sobrevolaron el recorrido, más de 300 motos aceleraban sus velocidades para rendirle honor al comandante. Partieron de la calle Sevilla, perpendicular a la avenida José Ángel Lamas de San Martín, y se enrumbaron por vericuetos y callejones, siguiendo de modo paralelo a un séquito que cubría con su llanto el asfalto.
En la avenida principal de San Martín, a la altura de la esquina de Palo Grande, nadie lograba sustraerse del lamento. Los niños, cargados en los hombros de sus padres, se secaban los ojos de llanto, los balcones mostraban pañoletas rojas, los más jóvenes se subieron a los techos de las paradas públicas y hasta en las rejas de la iglesia se treparon los más flexibles, quienes buscaban desesperadamente una mayor visual.
El carro fúnebre pasó rápido, la gente empujaba, las motos pitaban y todos, sin excepción, querían verlo, en un frenesí colectivo que era al mismo tiempo marea, dolor y reto.
Horas después, todos llegarían hasta el paseo Los Próceres para darle el último adiós a Hugo Chávez cuyos restos descansarán en capilla ardiente por tres días continuos. Allí, en un camino abierto por el sol del mediodía, esperaban filas de banderas colocadas a ambos lados de las tribunas. Allí, la gente, como lo resumió uno de sus seguidores, Alexis Olivo, fue a decirle que lo amaba y que en verdad creen que sigue vivo en ellos.