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“Para la literatura Caracas es un reto"

Héctor Torres y Flix | Foto: Omar Véliz/Manuel Sardá/El Nacional

Héctor Torres y Flix | Foto: Omar Véliz/Manuel Sardá/El Nacional

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Caracas es conocida por su caos, pero en ese desconcierto conviven personajes que encuentran la ciudad como punto de partida de una estética que se manifiesta en el papel y en las paredes.

Héctor Torres y Flix pertenecen a ese grupo de personas que caminan atentos por las calles, pero no solo por las mismas razones del habitante promedio, sino también para aguzar los sentidos en pro de la creatividad.

“Para la literatura Caracas es un reto. La primera impresión que produce es que al salir a la calle y se consiguen historias. Eso es relativo. Hay muchas historias inmediatas, pero todas están en la epidermis”, afirma Torres, autor de Caracas muerde, el libro de crónicas que se adentra en los sentimientos y pensamientos de víctimas de la violencia.

Para él todo lo que lo rodea tiene un significado artístico que sirve como materia para la obra. “Tratar de quitarle toda connotación moral y social. Yo no intento hacer sociología con mi trabajo, trato simplemente de dibujar lo mejor que puedo la ciudad que estoy percibiendo, creo es el deber ético del escritor”.

Parte de esa percepción es la gente, el caraqueño, que considera es uno de los aspectos más difíciles de sobrellevar por una actitud egoísta que hace difícil la convivencia. Pero hace salvedades: “En medio de todo esto siempre se consiguen elementos que salen de una manera abrupta que nos recuerdan que sí existen la ternura, la compasión, la solidaridad”.

Para Flix, artista urbano, las paredes son el medio para exigir lo que carece en un lugar que califica como ecléctico, anárquico y agresivo. “Por eso hago intervenciones en la calle que sensibilicen un poco más a la gente”.

Hace más de dos años, pintó en Altamira a un niño que escribía: “Yo quería un parque”. Fue su protesta a la proliferación de edificios en lugar de espacios verdes. “Mi trabajo está enfocado en hacer del espacio en que todos vivimos cotidianamente un espacio más lúdico, lleno de alegría, más agradable y ameno”, dice el también arquitecto, quien suele usar una máscara mientras hace sus diseños creativos, ese código de anonimato que hay entre quienes pintan en las paredes de la calle.