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¿Hasta cuándo insistir con los “elevados”?

Elevado de Maripérez | FELIX ESPINOZA

Elevado de Maripérez | FELIX ESPINOZA

Se vendieron como “solución por arriba a los problemas de abajo” y lo que hicieron fue abrir más espacio para la congestión, afear la ciudad y complicar la integración peatonal

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Un “render” siempre es una imagen edulcorada de lo que puede ser un proyecto constructivo. Hay algo de premeditada inocencia al mostrar unas texturas de pavimento y unos arbolitos en sus alcorques, aquí y allá. Todo limpio, todo ordenado, así luce lo que supuestamente será el elevado que anunciaron, y en el que están trabajando sobre la avenida Francisco de Miranda, en la conexión con Los Dos Caminos. ¿Será que por el bien de Caracas el Ministerio de Transporte Terrestre recapacita y archiva ese proyecto en la carpeta de “soluciones caducas para el viejo problema de la congestión”?

Los “elevados” son puentes provisionales que comenzaron a aparecer en Caracas en los años 70 y que por inercia se hicieron permanentes, tanto que recién les dieron una remozada. Los montaron en las principales avenidas de Caracas, y la realidad es que por debajo (y muchas veces por arriba) no generaron nada bueno. Abajo son un desbarajuste, una incomodidad para cruzar a pie, una mala sombra. Basta asomarse en el de Las Mercedes, en el de la Libertador o en el de San Bernardino. Son artefactos “contra natura urbana”. Rompen el paisaje, generan espacios residuales, desvinculan uno y otro lado de la avenida.

Los peatones no las tienen fácil para atravesarlos, se convierten en estacionamientos, en baños públicos, en lúgubres espacios que ni unas improvisadas mesas de ajedrez y una venta de libros usados logran iluminar. Ni siquiera cuando les dan un barniz de “plaza”, y hasta uno que otro se detiene allí a esperar, como en el de Los Ruices, resultan agradables. Son el resultado de una equivocación que sostiene un dogma venezolano de izquierdas y derechas atrasadas: hay que liberar la vía para los carros, cuando la mayoría de los especialistas apuntan a lo contrario: liberar las vías de la gran cantidad de vehículos que las atosigan.

En eso los elevados y las nefastas pasarelas anti peatonales se parecen: están hechas pensando, no en hacer ciudad para la gente, sino en deglutir el exceso de carros. En ciertas horas del día sobre los elevados los carros adquieren velocidad, así que los cruces peatonales naturales en las avenidas terminan desplazados. Pero los peatones, rebeldes y a su riesgo, siguen cruzando donde lo determina la lógica de la trama urbana.

Hay ingenieros viales y políticos que nunca recorren a pie nuestras calles y siguen insistiendo en sacar espacio para más canales, atravesar elevados y obligar a los viandantes a subir pasarelas. En vez de promover en toda la ciudad canales dedicados exclusivamente al transporte de superficie, ensanchar aceras y abrir carriles para bicicletas, intentan el viejo truco de resolver por arriba lo que no han sabido resolver por debajo. Esconden el problema, lo desplazan de lugar. No han asumido el reto con coraje: desincentivar el uso del carro, privilegiar e integrar el transporte colectivo metropolitano, poner el acento en el espacio público.

El elevado que con sospechosa urgencia siembran en Los Dos Caminos tiene una diferencia perversa: no se asume provisional, pues esta vez no será hecho con aquella estructura de hierro que nos vendieron los belgas, fácil de montar y desmontar, sino de concreto. ¿Cuál será el costo en bolívares de ese puente? No lo sabemos. Pero sí sabemos el costo urbano: desintegración, dificultades para la movilidad y accesibilidad peatonal. No se promueve una movilidad sustentable construyendo más elevados. Si no cambiamos el modelo “carrocentrista” a corto plazo también se atiborrarán de carros nuevamente.


Entre parque y parque

El potencial peatonal del lugar donde se eligió colocar el elevado es alto: hay una plaza concurrida (la Miranda), un museo (¡el del Transporte!), un polideportivo (parque Miranda), un paseo cercano (la principal de La Carlota) y el parque metropolitano más concurrido de Caracas (el del Este). No obstante se elige romper esa posibilidad con un nuevo armatoste vial. Este elevado además antagoniza el proyecto en curso de unir el parque del Este y La Carlota con una explanada peatonal. Y con el discurso de integrar la ciudad, en todos los sentidos posibles.

El parque del Este alguna vez ensayó un acceso peatonal justo enfrente de donde se levantará el nuevo elevado, que permitía desplazarse dentro del parque en paralelo a la avenida, pero lo eliminaron. Y deberían retomarlo, y quizá abrir otro acceso por La Floresta. Esto implicaría más empleados de seguridad, que se justifican plenamente pues el bienestar ciudadano no debería escatimar recursos.

Justo en ese punto se conserva una de esas inútiles pasarelas que conectan por arriba con el parque Miranda, cuando lo lógico sería que hubiese un acceso peatonal seguro a ras de la calle, donde pudieran cruzar personas en silla de ruedas, adultos que llevan un coche de bebé, personas con muletas.