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Por hacer ruido excesivo hay más de 100 sancionados

No todos los casos de ruido denunciados han sido atendidos / William Dumont

No todos los casos de ruido denunciados han sido atendidos / William Dumont

A comienzos de 2012 el Ministerio Público comenzó a imponer sanciones que van desde multas hasta trabajo comunitario. Seis fiscalías municipales procesan denuncias por perturbar la tranquilidad en Caracas

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Quienes hagan ruidos que perturben la paz de los vecinos pueden ser sancionados por las fiscalías municipales. Esas instancias procesan denuncias e imponen condenas. En 2012, de acuerdo con el informe anual del Ministerio Público, condenaron a 93 personas en todo el país por faltas y delitos. La mayoría de los casos tenían relación con alteraciones a la tranquilidad.

Solamente en dos meses, entre enero y febrero de este año, sancionaron en Caracas a, por lo menos, ocho personas por hacer ruido excesivo. Una de ellas fue Mary Valera, quien durante siete años escuchó música a volumen elevado en una pensión de la urbanización Primero de Mayo de Los Castaños.

Los vecinos de Valera sentían que se alteraba su tranquilidad. Por eso, hicieron la denuncia en la Fiscalía Municipal primera del Área Metropolitana de Caracas y lograron que la sancionaran –de acuerdo con lo establecido en el Código Penal–. La mujer fue condenada a pagar 6.075 bolívares de multa, se indica en la página web del Ministerio Público.

Para llegar a esas sanciones se debe seguir un proceso relativamente sencillo. El jueves en la mañana, un funcionario de la Fiscalía Municipal quinta del Área Metropolitana de Caracas –que tiene competencia en San Agustín y Candelaria– procesaba una denuncia sobre ruidos enviada por los habitantes de un edificio mediante una carta firmada. Los próximos pasos serán la verificación de la información y el juicio.

El funcionario detalló que desde hace dos años reciben ese tipo de denuncias y que son muy frecuentes. No sólo los vecinos pueden presentar el caso en la oficina de la Fiscalía; también se puede procesar a través de notificación a funcionarios policiales.

Otra forma de castigar esa falta es a través de la imposición de trabajos comunitarios. El 17 de noviembre de 2012 Mauricio Cordero, un taxista de 29 años de edad, escuchó música a volumen elevado en su vehículo. Por perturbar la paz de los habitantes de San Bernardino fue condenado a seis meses de trabajos en la comunidad, que serán supervisados por el organismo.

Pese a la solución de esos casos, hay muchos otros que no han sido atendidos. Carlos Julio Rojas, coordinador de la Asamblea de Ciudadanos de Candelaria, indicó que han notificado en varias ocasiones el ruido que se produce desde el Sambil de esa parroquia, en el que funciona un refugio. “Hemos llamado a los cuerpos de seguridad, pero no se ha resuelto el problema”, dijo.

Medir el sonido

Para saber la intensidad de un sonido se puede utilizar un decibelímetro o sonómetro. Ese aparato capta las ondas a través de un micrófono. La señal recibida se amplifica mediante un circuito eléctrico, que tiene la misma respuesta que el oído humano. Luego, esa señal pasa a un amplificador, que permite tener una mayor precisión en los datos. Finalmente, se envía la información a una unidad de lectura y se observa en la pantalla el valor del sonido en decibeles. De esa manera se puede determinar si el sonido supera el umbral del dolor.

De acuerdo con una investigación publicada por la Organización Mundial de la Salud, sonidos entre 100 y 120 decibeles producen incomodidad y molestias. Los ruidos que tienen entre 130 y 140 decibeles originan dolores, que pueden ser agudos.

Efectos en la salud

Someterse a sonidos muy fuertes tiene consecuencias en la salud. Un estudio de Juan Rodrigo Chávez, publicado por la revista chilena Ciencia y Trabajo y replicado por la biblioteca de la Organización Panamericana de la Salud, indica que la contaminación sónica puede producir trastornos fisiológicos, psicológicos y sociales. Uno de ellos es el malestar, sentirse perturbado o en zozobra, lo que afecta el bienestar general de la persona. El ruido también puede producir interferencias en la comunicación, pérdida de atención y problemas de rendimiento académico o laboral; trastornos del sueño –bien sea problemas para comenzar el ciclo de descanso o interrupciones–, y, en algunos casos, reducción de la capacidad auditiva.

Rosario Sano, otorrinolaringóloga, señala que los daños auditivos dependen del tiempo de exposición al ruido y de la intensidad. Cuando alguien se somete a sonidos fuertes por mucho tiempo, se puede producir un trauma acústico. También puede haber problemas si se presenta un ruido muy intenso en un corto tiempo.

En los casos menos graves se puede generar fatiga acústica: por ejemplo, si una persona va a una discoteca, puede pasar 24 horas con la sensación de escuchar el ruido. En situaciones más graves, hay posibilidad de que ocurra una pérdida neurosensorial, que es irreversible.