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“Cuando empecé esta profesión no había tanto muerto”

Nelson Flames | Foto: Omar Véliz/Manuel Sardá/El Nacional

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Nelson Flames ha visto cómo en los últimos 15 años se ha recrudecido la violencia en Caracas. Tiene más de la mitad de su vida trabajando como preparador de cadáveres. Con orgullo, el hombre explica que es especialista en tanatología, la rama que se encarga de acomodar, preparar e incluso reconstruir partes del cuerpo de los fallecidos antes de ser velados.

“Empecé en este mundo a los 17 años de edad, un 6 de enero de 1986,  a través de un compadre que tenía una funeraria en los Valles del Tuy, allí trabajé 14 años y después me vine a la ciudad. Es una profesión muy bella porque te permite conocer el cuerpo y hacer una buena preparación para darle el último toque final a esa persona para que cuando su familiar le de el último adiós esté en buen estado”, comenta.

A sus 46 años de edad Flames ya cumplió 15 años trabajando en la funeraria Nazareth, ubicada en la avenida Nueva Granada de Caracas. El establecimiento es una de las empresas que atiende casos por muertes violentas, pues en otras compañías solo aceptan cadáveres por muertes naturales. Los homicidios en una de las ciudades más violentas del mundo se han convertido en un nicho especializado del mercado funerario. 

“Cuando empecé esta profesión no había tanta mortandad como hoy en día. La mayoría de las personas asesinadas son jóvenes con edades comprendidas entre 10 y 29 años. Semanalmente atendemos entre 15 y 20 víctimas de muertes violentas, pero como política de la empresa damos la garantía de atender al momento a las personas fallecidas por muerte natural o violenta porque no discriminamos a los fallecidos”, explica el preparador de cadáveres.

Flames ha notado que el incremento de muertes violentas en Caracas está bañado de ensañamiento. Con su trabajo hace lo que puede para maquillar brutalidad en los crímenes: “Generalmente vienen con más de 3 ó 4 impactos de balas. Me han tocado fallecidos con más de 30 disparos y algunos que han sido masacrados en la cara. Pero en mi profesión uno lo ve como una cosa natural”.