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La convivencia se dificulta en urbanismos de Misión Vivienda

Habitantes de la Urbanización Juan Pablo II piden mayor seguridad/Omar Veliz

Habitantes de la Urbanización Juan Pablo II piden mayor seguridad/Omar Veliz

En la urbanización Juan Pablo II y en el recién adjudicado edificio Juan Vives Suriá se quejan de la inseguridad, la basura y el ruido

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Los vecinos de la urbanización Juan Pablo II, en Montalbán, resienten la convivencia con quienes habitan desde hace más de un año los edificios de la Misión Vivienda. Aseguran que ya no tienen la paz que disfrutaban los fines de semana, pues las celebraciones de los nuevos residentes comienzan los viernes y terminan los domingos, con música a todo volumen y piques de motos. El descontento aumenta cuando recuerdan que otras 10 edificaciones de ese programa están en proceso de construcción.

Un vecino de las residencias Parque II de Juan Pablo II dijo que aunque está de acuerdo con que el Gobierno atienda el déficit de viviendas, la llegada de ex damnificados los ha perjudicado, pues, entre otros aspectos, los nuevos habitantes arrojan basura en las áreas verdes de la zona. El hombre explicó que algunos vecinos de las Residencias Juan Vive Suriá rebautizaron el conjunto como “Yare II”.

“El nombre habla por sí solo. Mis vecinos empiezan las rumbas los viernes y las terminan los domingos. Tenemos que soportar los piques de motos frente al edificio y ver cómo jóvenes y niños permanecen hasta altas horas de la noche en el parque de la cuadra. Quienes tenemos varios años viviendo en Montalbán estamos en toque de queda porque no sabemos quiénes viven allí, y después de las 6:00 pm esto es peligroso por la falta de alumbrado”, relató el vecino, desde cuya casa se observan las nuevas viviendas.

La urbanización Juan Pablo II gozaba de un ambiente apacible hace dos años, cuando estaba constituida por 10 torres. En la actualidad el complejo está rodeado por decenas de edificios de la Misión Vivienda y por obras en construcción del mismo plan del Gobierno.

Una mujer, que también pidió no ser identificada, relató que si ve desconocidos en el estacionamiento antes de entrar a su edificio da varias vueltas en su carro. “Hay personas que han sido atracadas en la parada del metrobús que tenemos al frente. Desde el Juan Vives Suriá tiran piedras a esos transportes. Vecinos inconscientes botan la basura desde las ventanas. Además, la construcción de edificios ha causado roturas en algunas tuberías porque no se han hecho estudios topográficos, y eso afecta los servicios de gas y de agua”, advirtió la vecina, quien considera que los apartamentos de la zona se devaluaron a raíz de la incorporación de los edificios de la Misión Vivienda.

 

Otro punto de vista. Los testimonios de los vecinos de Juan Pablo II no son exagerados. Incluso, algunos habitantes del edificio Juan Vive Suriá dan fe de que no han logrado un consenso para establecer normas de convivencia, aunque muchos no incurren en las irregularidades que denuncian los antiguos residentes de la zona.

“De las 128 familias que viven aquí, más de 20 son inconstantes con el pago de los 100 bolívares del condominio. Desde el piso 3 para arriba es en donde hay más desorden porque no respetan a las otras familias. Los fines de semana sacan las cornetas de los apartamentos y las ponen a todo volumen. Lo peor es que vienen malandros de otros barrios, paran sus motos afuera y se meten a rumbear con el grupito de ocho hombres que no trabajan y que se dedican a molestarnos”, relató uno de los ex damnificados.

Caso exitoso

Las 48 familias que desde abril viven en el edificio La OPE, localizado en la avenida Libertador, establecieron normas de convivencia. Mailis Narváez explicó que las personas que habitan allí, más allá de poner las reglas para vivir mejor, lo hicieron para dar el ejemplo a los vecinos que habían rechazado su presencia en la zona.

“La gente no nos quería, pero les hemos dado el ejemplo. Aquí nos reunimos cada 15 días para mejorar como comunidad. Creamos un comité de limpieza, los sábados son los únicos días que se puede martillar y hacer reparaciones en los apartamentos. Después de las 10:00 pm está prohibido tener música a todo volumen y para entrar utilizamos la llave magnética”, explicó la mujer.

En esas residencias, que tienen 4 apartamentos por cada 1 de los 12 pisos, viven personas provenientes de Catia, 23 de Enero, Charallave, La Guaira, San Agustín y Gramoven.

Sin respuesta

En busca de información oficial sobre las normas de convivencia en las residencias de la Misión Vivienda, El Nacional llamó al Departamento de Comunicaciones del Ministerio de Vivienda y Hábitat e, incluso, envió un correo electrónico para solicitar una entrevista con un representante del programa del Gobierno; sin embargo, nunca se recibió una respuesta.