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“No conseguí pollo, leche, ni azúcar”

"Uno gasta más en comida, no sólo por el aumento de los precios sino porque hay que comprar la cantidad que se puda para guardar", dijo Isabel Pompa

"Uno gasta más en comida, no sólo por el aumento de los precios sino porque hay que comprar la cantidad que se puda para guardar", dijo Isabel Pompa

Isabel Pompa, ama de casa, afirmó que se gasta más en comida no solo por el aumento de los precios sino porque también hay que adquirir la cantidad que se pueda para guardar

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El jueves 7 de noviembre a las 9:30 am, Isabel Pompa Reyes, comerciante y ama de casa, salió a hacer un recorrido para la compra de víveres en Caurimare, en el este de Caracas. Cada dos días va al mercado a ver que consigue; hace 6 meses acudía cada 15 días. “No encuentro todo en un mismo lugar. Tengo que dedicar un día para visitar varios supermercados y poder completar la comprar de alimentos y a veces no lo logro. Se adquiere lo que hay, no lo que se quiere y, además, hay que soportar colas hasta por dos horas”.

El Nacional acompañó a Isabel en su día de compras, que no era quincena ni fin de mes, tampoco fin de semana, pero el lugar estaba abarrotado de clientes. Al entrar al establecimiento comercial, Isabel fue directamente a la nevera de carnes. “El pollo brilla por su ausencia”, dijo. Solo había milanesas y nuggets empanizados a 168 bolívares y 147 bolívares, respectivamente. Encontró ganso y milanesa a 90 bolívares el kilo, pero las chuletas de cochino que acostumbra a ponerle a los granos estaba a 160 el kilo, y desistió de comprarlas.

Contó que por la escasez y los altos precios de los alimentos ya no prepara sopa y seco. Ahora opta por una sola comida. En su casa el menú ha variado mucho. Un día prepara carne, otro sopa, granos, ensalada de atún, arroz con vegetales, sardina encebollada o pasta. “El pescado está por las nubes a 280 bolívares el kilo de filet de merluza, incomprable. Hay que resolver con otra cosa”.

Al llegar a la nevera de quesos y fiambres, “Antes una bandeja de queso blanco rebanado costaba 40 bolívares ahora supera los 80. El jamón de 50 bolívares pasó a 120 bolívares, la pechuga de pavo está entre 153 y 280 bolívares y el parmesano ni hablar, a 331 bolívares”.

Relató que acostumbraba a desayunar un sándwich, arepa o cachito relleno de jamón y queso, pero ha tenido que intercalarlo con frutas o cereales, que incrementó su precio 50%, añadió.

Compras nerviosas. Después de recorrer cuatro pasillos del establecimiento Afirmó: “Los alimentos regulados llegan y se acaban de inmediato, es difícil conseguirlos”. En su carrito faltaba la leche (líquida y en polvo), no la consiguió. Tampoco harina de maíz ni de trigo. El arroz y el aceite no los vio en los anaqueles. Compró papelón rallado en sustitución de azúcar que no había. Además le quedó pendiente el lavaplatos líquido, cloro, huevos, pollo y variedad de carnes.

Ya en la cola de la caja observó gran cantidad de personas que entraban al supermercado, una de ellas gritó: “Están descargando papel toilet”. Y el supermercado se atiborró de gente.

Isabel permaneció 45 minutos en la fila para cancelar la compra. Pagó 2.500 bolívares por unos productos que hace 3 meses le costaban 1.200 bolívares. Señaló: “Uno gasta mucho más en comida no sólo por el aumento de los precios, sino porque también hay que comprar la cantidad que se pueda para guardar, porque no se sabe cuándo lo volverás a ver”.

El ambiente era tenso, la gente estaba pendiente de lo que sacaba el personal del automercado para colocar en los estantes, otros se pasaban datos de dónde conseguir tal o cual artículo. Isabel agregó: “Voy a Santa Marta me avisaron que hay harina”.

En el segundo supermercado consiguió harina de maíz y de trigo, llevó cuatro de cada una. Además había huevos. Una docena por 41 bolívares. También compró arroz a 19,50 el kilo, de una marca que veía por primera vez. Las neveras de carnes estaban casi vacías, al igual que en el primer automercado. Solo había pavo a 216 bolívares el kilo y pulpa de cochino a 115 bolívares.

Isabel insistió en buscar pollo, leche, azúcar y aceite. En el tercer mercado encontró aceite, pero de soya. En los anaqueles abundaba el de oliva desde 287 bolívares.

Al salir de allí, ya era la 1:00 pm y decidió ir a un mercado de calle, donde tampoco encontró pollo, leche, ni azúcar. Compró lavaplatos. Al cierre de esta edición todavía no había conseguido estos productos.

Hombres con pocas opciones

En el recorrido por diferentes expendios se constató que los hombres están padeciendo la escasez de productos de cuidado personal. Los inventarios de crema para afeitar, desodorantes, champú y afeitadoras están muy bajos o no existen. Los desodorantes no pasan de dos marcas y de crema de afeitar solo una. Champú para caballeros se encontró en dos presentaciones, una de ellas anticaspa y no se observó tipo alguno de afeitadora. Tampoco hojillas.

La crema para afeitar se consiguió en un establecimiento. Una de las vendedoras informó que surten 3 veces a la semana pero hace 15 días que no les despachan.

El papel toilete se ubicó en uno de cuatro expendios de alimentos. Solo permitían llevar dos paquetes. En los anaqueles lo que más exhibían eran productos para el cabello de marcas desconocidas y en presentaciones de 1.000 ml.

El segundo problema más importante del país es el desabastecimiento, la falta de alimentos y el acaparamiento, según datos de Latinobarómetro 2013.