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Una ciudad estremecida

Las fuerzas de seguridad tomaron las calles / Francesca Commissari

Las fuerzas de seguridad tomaron las calles / Francesca Commissari

El fallecimiento del presidente Hugo Chávez desecandenó una movilización masiva, el cierre de comercios y el caos

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Después de las 5:20 pm todo se movió en Caracas. A esa hora, en un día cualquiera, la gente apenas ha salido de sus puestos de trabajo para regresar a casa. Ayer, sin embargo, la ciudad recibió una noticia histórica: la de la muerte del presidente Hugo Chávez, el hombre que por 14 años había gobernado el país. Una sacudida general trastocó la rutina citadina: los comercios cerraron las puertas, las calles se congestionaron de inmediato, las líneas telefónicas colapsaron y la impaciencia desbordó a quienes querían regresar a sus hogares cuanto antes en previsión de cualquier estallido de violencia callejera.

La cadena de radio y televisión en la que el vicepresidente Nicolás Maduro, con voz entrecortada, informó el fallecimiento del jefe del Estado tomó por sorpresa a muchos caraqueños en las calles.

Lo inusual entonces comenzó a suceder. Primero fue la reacción de los comerciantes: a golpe seco empezaron a cerrarse las santamarías de tiendas y centros comerciales. Fue una reacción viral que recorrió la ciudad de punta a punta: ocurrió en Candelaria, San Bernardino, Catia, Plaza Venezuela, Chacao, Los Ruices y Petare. "¡Se murió! Váyanse a sus casas", gritó el dueño de un local en el bulevar de Sabana Grande, como si estuviera espantando sus temores.

El nerviosismo llegó a los pocos comercios abiertos. En una farmacia cercana a la plaza Candelaria se aglomeraron clientes por más de dos horas para comprar productos, muchos de los cuales han escaseado desde comienzos de año en el país. Un abasto de Los Frailes de Catia fue desvalijado. "Esto quedó desolado.

La gente está como si hubiera un toque de queda", dijo José Quintero, dirigente vecinal de esa zona del oeste de Caracas.

Soraya Joves, en otro punto de la ciudad, observó una escena distinta: estaba en La Vega cuando vio cómo un grupo de personas se aglomeró alrededor de una mujer que tenía un teléfono inteligente en el mercado Bicentenario: "Así fue como se enteraban de la muerte".

Las unidades de transporte terrestre, en un abrir y cerrar de ojos, comenzaron a desaparecer de las calles atestadas de vehículos particulares.

Magda Hinojosa, habitante de Guatire, relató que al conocer la noticia del fallecimiento decidió tomar un taxi en El Marqués: "Es temprano, pero ya no hay autobuses. Prefiero estar en casa, pues uno no sabe qué puede pasar". Los vagones del Metro de Caracas se encontraban repletos en medio de un servicio con altibajos. Los pasajeros no dejaban de manifestar ansiedad. En un trayecto entre las estaciones Los Cortijos y Miranda, dos mujeres discutían en voz alta. La sensación de luto por la muerte del líder político no les impedía quejarse de la hora escogida por Maduro para dar la noticia: "Siempre pensé que el anuncio de la muerte del comandante lo harían de noche, cuando todos estuvieran tranquilos en sus casas".

El transporte público trabajó con restricciones, luego de las 6:30 pm, en lugares como la avenida Urdaneta, Plaza Venezuela, Chacaíto, Petare, Caricuao y 23 de Enero, entre otras zonas. Los automóviles se adueñaron, entre las 5:40 y 7:30 pm, de las avenidas Libertador, Francisco de Miranda y las autopistas Gran Mariscal de Ayacucho y Francisco Fajardo, donde la congestión se agravó por la desesperación de los conductores.

Tensión. En Palo Verde se escucharon detonaciones de fuegos artificiales y cornetas de automóviles luego del anuncio. También sonaron cacerolas. En el municipio Chacao sólo había calles vacías. Jaime Arteaga, vecino de Altamira, comparó el día con un feriado: "No se oyó ni el viento. La muerte de Chávez paralizó la ciudad. Hay mucha tensión.

Amanecerá y veremos". En el 23 de Enero ­parroquia considerada bastión del chavismo­ los colectivos fueron los protagonistas: controlaban los accesos y las salidas.

Caracas de noche dio la impresión de ser una ciudad fantasma. A las 8:30 pm, cuando aún hay rastros de congestionamiento, se podía recorrer de extremo a extremo en apenas minutos. A esa hora un vehículo transitaba en la avenida Francisco de Miranda con un grupo de hombres que blandían una botella de licor mientras escuchaban unas estrofas: "Chávez, corazón del pueblo".

Era una manera de expresar el luto. La Policía Nacional estaba apostada en algunas salidas del Metro en el centro de la ciudad, pero el mayor despliegue fue en los alrededores de la plaza Bolívar, donde hubo una concentración de seguidores del líder fallecido.

Los accesos al palacio de Miraflores se encontraban cerrados por funcionarios del cuerpo de seguridad: la soledad de la avenida Urdaneta apenas se veía interrumpida por algunos militantes del chavismo que deambulaban como si la muerte del líder los hubiera tambaleado y dejado sin rumbo. Así comenzó a vivirse el luto por una noticia que hace dos años parecía imposible: la muerte de Chávez.