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El cierre de la avenida, ¿accidente o revelación?

¿Cuántos de los que ahora circulan a pie por este punto para ir al trabajo, al banco o a realizar un trámite lo hacían innecesariamente en su carro particular?

¿Cuántos de los que ahora circulan a pie por este punto para ir al trabajo, al banco o a realizar un trámite lo hacían innecesariamente en su carro particular?

El hueco que se abrió en la Francisco de Miranda, frente al Centro Plaza, sirve para imaginar más gente a pie yendo al trabajo, al colegio o al banco

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La calzada de la avenida Francisco de Miranda se hundió, lo que causó un colapso que interrumpió la circulación automotriz en un punto importante de la ciudad. En las inmediaciones del gran hueco hay un centro comercial, una clínica, dos instituciones educativas, un centro cultural, casi una docena de edificios empresariales, un ministerio y cientos de comercios que generan muchos viajes a través de este punto.

El problema luce grave, tomando en cuenta que sucede en el municipio Chacao, donde los residentes tienen una alta dependencia del vehículo particular. Según una encuesta de movilidad realizada en el Área Metropolitana de Caracas (2005), en Chacao ocurre la más alta cantidad de desplazamientos en vehículo particular de todos los municipios, cerca de 60%, y son en su mayoría para realizar "trámites y diligencias" particulares.

La situación se percibe caótica, pero ante el foso, con la maquinaria, los materiales y los trabajadores, con la restricción de la circulación en ese par de cuadras, lo primero que salta a la vista es una tranquilidad sorprendente.

Ante este inesperado vacío, caemos en cuenta del fuerte impacto que tiene la ausencia del automóvil: menos ruido, menos calor, menos humo, menos insultos. Pero también de que, aun sin él, la vida sigue fluyendo en la ciudad. Al no quedar otra opción (arriesgarse a perder una hora en una cola para desplazarse en carro unas pocas cuadras, no luce muy inteligente), mucha gente lleva a sus hijos a la escuela, va al trabajo o realiza la diligencia bancaria a pie. Y lo hace sin mucha presión.

Gracias al accidente, y a la adaptación de la gente a esa nueva relación espacio-tiempo, se puede inferir que los viajes dentro de este fragmento de ciudad se podrían reconfigurar sin mayores dramas. Sobre todo porque en ese lugar se ha invertido para que haya aceras amplias y niveladas, mobiliario urbano para el descanso, agradables espacios públicos, además de dos estaciones de Metro y un sistema de transporte superficial unificado (Transchacao) que cubre buena parte de las urbanizaciones vecinas.

Esta situación debe interrogar a la ciudad y llamar a reflexión a las autoridades y a los ciudadanos: ¿por qué no comenzar ya a crear un canal de uso exclusivo para el transporte público, o abrir espacio al uso de la bicicleta en una avenida tan importante como la Francisco de Miranda? ¿Por qué la Alcaldía de Chacao no lanza una campaña, aprovechando la circunstancia, y promueve que los ciudadanos que por fuerza se bajaron del carro lo sigan haciendo, ahora a conciencia, cuando se repare la tronera? Promover desplazamientos a pie en trayectos cortos que, "paseandito", durarían no más de 30 minutos. Aprovechar esta situación para fomentar en las escuelas, empresas e instituciones vecinas una movilidad más sensata.

Debería existir una política municipal que minimice el uso de vehículos particulares a la hora de entrada y salida de los estudiantes de los colegios. Romper la relación "un carro, un alumno". Muchos estudiantes del Santiago de León de Caracas viven en un radio de diez cuadras y, sin embargo, se desplazan en el vehículo de sus padres. Da gusto ver la tranquilidad con que caminan por las calles en ese par de cuadras cerradas frente a la urbanización La Floresta. Cambia el ritmo, la manera de estar. Los padres se notan relajados: en vez de tener las manos atadas al volante, toman las manos de sus hijos, cuando no los dejan caminar libremente.

En muchas ciudades del mundo, incluso latinoamericanas, se está rescatando la idea del "transporte escolar a pie", no sólo por un tema ambiental y de salud, sino porque la calle es espacio fundamental para el aprendizaje ciudadano del niño. Ese boquete en la Francisco de Miranda puede verse como una desgracia o como oportunidad, pues nos enseña algo que el municipio debería aprovechar. Párese cinco minutos frente al edificio Mene Grande, perciba el cambio que podríamos generar, virar hacia otro modo de ciudad. Aprovechemos.