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Techos de 66 casas patrimoniales siguen sin ser reparados

Los techos de caña en algunos casos se están cayendo | ERNESTO MORGADO

Los techos de caña en algunos casos se están cayendo | ERNESTO MORGADO

El apoyo de la USB para diagnosticar el estado de las viviendas es un logro de los residentes 

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En mayo de 2012 los residentes del casco histórico de El Hatillo se reunieron en el anfiteatro municipal para celebrar una asamblea de ciudadanos y discutir la emergencia que, literalmente, se les venía encima: los techos de caña amarga de decenas de casas patrimoniales se desmoronaban ante los ojos de unos resignados propietarios.

Javier León asistió a esa reunión y expuso a los presentes su dramático caso. Su padre, Pablo León, de 73 años de edad, sufrió un accidente cerebrovascular y afrontaba osteoporosis severa y un cuadro de espasticidad, enfermedad degenerativa que le contraía los músculos e impedía movilizarse. León lamentaba públicamente no contar con suficientes recursos para reparar el techo de la habitación de su padre, que se había desprendido como consecuencia del desgaste de la vivienda. Decía que cada vez que llovía se empapaban las medicinas, la cama y la ropa de su progenitor.

En aquella asamblea, voceros del consejo comunal del casco histórico informaron que 66 viviendas debían ser reparadas con urgencia. Anunciaron que buscarían el apoyo de la Universidad Simón Bolívar y hasta surgió la hipotética posibilidad de solicitar la declaratoria de emergencia, para que las autoridades pudieran erogar recursos y así emprender las obras.

Quince meses después, Javier León afirma que de aquellos planes sólo quedó el recuerdo: “El consejo comunal tiene que ir a elecciones para renovarse. Mientras tanto, el país sigue funcionando por proyectos en vez de ejecutar acciones. Así, nada avanzará para ningún lado”.

León lamenta que los días, meses y hasta el año pasara, y no se perciban soluciones evidentes para el problema de los techos: “Volvieron las lluvias y los techos siguen igual. Terminé de tumbar la caña amarga, pues se le abrió un hueco, y coloqué acerolit. No es nada colonial pero hasta allí llegaron mis posibilidades”.


Procesos lentos. Lydia León, una de las voceras del consejo comunal del casco histórico que presentó la propuesta ante vecinos y autoridades en 2012, informó que hasta los momentos el mayor logro ha sido la ayuda de la USB. “Se trata de procesos y etapas y todas ellas tienen su tiempo. El año pasado no teníamos ni siquiera los contactos. Ahora contamos con el apoyo de ingenieros, arquitectos y urbanistas de la USB, que nos asesoran. Además, un grupo de 25 alumnos realiza el diagnóstico de las fallas en las viviendas. De hecho, tenemos la data de 40% de las casas del casco histórico”, aseguró.

León añadió que todavía no cuentan con los recursos necesarios para reparar las estructuras, pero aclaró que hasta que no tengan la última casa revisada no se concretará el proyecto. Admite que las refacciones pudieran haberse afectado por la dinámica interna del consejo comunal, el cual no ha renovado las autoridades, salvo la comisión electoral. Sin embargo, subrayó que aunque salga de esa instancia, se sentirá satisfecha si logra plasmar el proyecto.


Propiedades privadas

El director de Desarrollo Urbano y Catastro, Marcos Noriega, informó que ese despacho se encarga exclusivamente de la aprobación de modificaciones a viviendas, siempre y cuando cumplan con determinadas variables urbanas, sin faltar a las disposiciones que sobre fachadas y techos ha establecido la Oficina de Patrimonio Histórico y Cultural. Sin embargo, explicó que ese permiso no incluye financiamiento alguno.

“Si van a remodelar para hacer un negocio o cambiar la vivienda, tiene que estar autorizado de acuerdo con la ordenanza de zonificación para el sector sur del pueblo de El Hatillo; sin embargo, no financiamos nada. Los podemos asesorar técnicamente, pero se trata de propiedades privadas”, concluyó.