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La acera, plataforma política

Nos acercamos a la edición 200, así que Caracas a pie decide meterse un poco más allá en la pelea por mejorar las condiciones para la movilidad peatonal

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Al andar se agradece que haya plazas, paseos, parques o cascos históricos recuperados. Pero sin aceras amplias, niveladas, bien iluminadas, libres de obstáculos, esos espacios son invitación, no para ir a pie, sino en carro. En los últimos 10 años hemos visto cómo las autoridades municipales empezaron a ocuparse de las necesidades de los peatones.

Pero en la mayoría de los casos el esfuerzo no ha sido sostenido. La acera, digámoslo así, es un sistema de irrigación: de nada sirve tener los órganos en buen estado, si las arterias para alimentarlos padecen de esclerosis.

Dos líneas de acción deberían tener los gobiernos locales en relación con las aceras (hoy más que nunca, después del boom de las viviendas sociales). La primera tiene que ver con una gestión sostenida, no espasmódica, de recuperar o construir aceras dignas, que incluyan bancos para sentarse y árboles adecuados para caminar bajo la sombra, y que estén elaboradas con materiales adecuados y mejor criterio, para que no haya que romperlas a cada rato.

La otra es hacer cumplir la ley: los vehículos a motor no deben invadir (ocupar, expropiar, confiscar, privatizar) el espacio de los de a pie. No pueden seguir jugando a pedir, un día sí y un mes no, que los conductores bajen su moto, carro, camión o autobús de la acera. O a pegar en los parabrisas calcomanías de "infractores" un día sí y un semestre no. Cuando decimos "hacer cumplir la ley" nos referimos a: pegarles la calcomanía, bajarlos de la acera, ponerles la respectiva multa y, por último e importantísimo, cobrársela.

Con seguridad eso produciría importantes recursos a los municipios y bienestar para quienes se desplazan a pie y en transporte público, que son la gran mayoría de caraqueños.

Respecto a las multas, habría que elevarlas y establecer diferencias: no es lo mismo detener un momento el carro parcialmente que estacionarlo con sus cuatro ruedas sobre la acera. No es lo mismo estacionar una moto en la acera que circular a toda velocidad sobre ella. No es lo mismo estacionar un carro al lado de un brocal amarillo que hacerlo obstaculizando un rayado peatonal o una parada de autobús. Las multas deben ser muy claras en su intención: rescatar la idea, perdida hace décadas, de que el gran protagonista de la ciudad es el peatón.

Eso obligaría a que mucha gente no use tanto su vehículo particular y se sume a esta pelea por unas buenas aceras y por un buen sistema de transporte público metropolitano e integrado. Y obligaría a solicitar estacionamientos para bicicletas por toda la ciudad, para atender (y propiciar) una alternativa más racional de movilidad que, a pesar de no contar con condiciones adecuadas, viene en franco crecimiento.

Se trata de una pelea de carácter metropolitano: los vecinos de Caricuao eventualmente caminan por Chacao. Los niños de Sucre eventualmente caminan por el centro de la ciudad. Los jóvenes de Chacao caminan por Las Mercedes.

Los de Colinas de Bello Monte, por la Rómulo Gallegos. La gente no reconoce fronteras municipales, lo que necesita son unas buenas aceras que los conecten con una buena plaza, que les sirva para llegar y atravesar un parque, que cuando salgan del bulevar se sigan sintiendo bien servidos.

Así se tragarían a pie la ciudad, de cabo a rabo.