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Vender masa es una tradición de 60 años

Angelina León es parte de la tradición en el municipio con su conocida masa | Ernesto Morgado

Angelina León es parte de la tradición en el municipio con su conocida masa | Ernesto Morgado

Desde octubre y hasta finales de diciembre, cinco familias ofrecen los insumos para elaborar las hallacas

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Angelina León cuenta que cuando sus hijos estaban pequeños, ella tenía que salir a vender comida para sacar adelante la familia. Así fue como El Hatillo de hace seis décadas conoció sus arepas, empanadas, gofios, conservas y majaretes, hasta que un buen día se decidió por hacer hallacas y bollos navideños.

Socorro Coronado, su amiga, la ayudaba en la preparación de los platos, y hubo tal grado de empatía entre ellas que cuando Coronado tuvo sus hijos, León fue la partera y se hicieron comadres.

Hoy, León tiene 84 años de edad y recuerda que a los 24 le recomendó a su amiga que se independizara y comenzara el negocio de vender hojas limpias de hallacas y masa de maíz pilado. A ellas las siguió Carmen Purroy, quien también se dio cuenta de la sazón extraordinaria que poseían sus guisos y de la destreza con que cumplía los encargos relacionados con la cocina.

De aquellas pioneras, sólo León sigue haciendo el guiso de las hallacas, en la calle 2 de Mayo de El Hatillo; sin embargo, la tradición se mantiene viva en toda la cuadra, gracias al empeño, la dedicación y el amor con el que los descendientes y familiares de aquellas tres mujeres continúan trabajando. De hecho, hace más de 20 años, otras 2 familias se incorporaron al negocio, los Torres y los Montilla, y ahora son 5 las que impregnan la cuadra hatillana de aromas de Navidad.

La hija de Socorro Coronado, Kena, celebra que entre todos se mantenga la hermandad que alguna vez unió a las fundadoras: “Si vienen a comprarme y yo no tengo, voy a donde mi madrina y ella me saca de apuros”. Explica que así como aquellas mujeres compactan la masa, sigue la amistad: firme a pesar de los años.

Cada una de las familias tiene su secreto. Los León dicen que el suyo está en el caldo que Angelina le coloca a la masa, además del vino y del toque dulzón. Carlos Ascanio, sobrino de Carmen Purroy, asegura que la clave está en el cariño con el que se hace el proceso, que incluye la compra de las hojas en Barlovento, del maíz pilado en el negocio Maíz Pilón del mercado de Coche, la coordinación con que trabaja el equipo y la amabilidad con que atienden al cliente.

Todos, y en especial Angelina León, esperan que llegue la Navidad para poder regalarle al público sonrisas, aquellas que fueron amasadas hace décadas.