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“La Torre de David es un activo de la ciudad”

La construcción de la Torre de David se interrumpió en 1994 tras una crisis financiera

Torre de David / Archivo

El arquitecto Leopoldo Provenzali aseveró que toda decisión que se tome debe incluir a los vecinos de la zona. Lo mismo aplica con lo que se decida para el Sambil de La Candelaria

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Para el arquitecto Leopoldo Provenzali la Torre Confinanzas es un símbolo de las crisis sistemáticas que ha habido en el país, sin embargo considera que debe ser recuperada. “La torre de David es un activo de la ciudad. Su destino tiene que ser muy bien pensado. La única razón para demolerlo es porque su estructura esté comprometida, que estudios técnicos digan que pueda colapsar”, indicó sobre la posibilidad  de que sea demolida, como anunció esta semana el presidente Nicolás Maduro, quien afirmó que hay varias propuestas, como la conformación de un centro económico o que se acondicione para viviendas.

Considera que la edificación –también conocida como Torre de David– no le pertenece al Estado, a pesar de haber pasado al Fondo de Protección Social de los Depósitos Bancarios por la crisis bancaria de los noventa. “Los bienes que maneja a esa institución son fondos de entidades bancarias intervenidas, de fondos privados, de personas que tenían dinero ahorrado ahí”, explicó.

Es su argumento para resaltar que toda decisión que se tome debe incluir a los vecinos de la zona. Lo mismo aplica con lo que se decida para el Sambil de La Candelaria.

“Debe ser una concurrencia de iniciativas donde estén las autoridades y los habitantes de la parroquia Candelaria como principales afectados. Cuando hay zonas que se convierten en espacios controvertidos, hay que involucrar a la comunidad”, agregó.

Provenzali resume varias épocas del país en la cronología de hechos de la torre: la crisis bancaria de los noventa, el problema de vivienda y la falta de gobernabilidad en la ciudad. “Se convirtió en un símbolo de una crisis estructural que trascendió las fronteras del país y llegó a conocerse como el barrio vertical más grande del mundo”.

María Isabel Peña, directora del Instituto de Urbanismo de la Universidad Central de Venezuela, coincide con Provenzali en que no debería ser demolida. “Sería una locura. En ese espacio podría haber ministerios, así como oficinas para rentar, tanto públicas como privadas. Incluso se podría aprovechar el helipuerto que tiene. Hasta un hotel se puede hacer”.

La arquitecta no considera muy buena idea de que se reacondicione para viviendas. Explicó que la altura entre los pisos no es la idónea para ese fin.  Con respecto al Sambil de La Candelaria, aunque no es entusiasta de los centros comerciales, no ve ningún problema en que se use con el fin para el que se había construido.