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Refugiados del Cuartel San Carlos llevan 2 años en condiciones críticas

Refugio Cuartel San Carlos | Foto: Leonardo Noguera

Refugio Cuartel San Carlos | Foto: Leonardo Noguera

Damnificados de Altagracia y Blandín esperan que el Gobierno les dé información sobre las casas ofrecidas

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Viven en carpas desde hace dos años. Los que se consideran privilegiados habitan en cubículos improvisados con cajas de cartón, trozos de madera y restos de rejas. En esas condiciones están albergadas desde hace 2 años las 72 familias damnificadas de Blandín y de la parroquia Altagracia en el refugio dispuesto en el Cuartel San Carlos, localizado en la avenida Panteón.
Pese a las condiciones de insalubridad en las que se alojan las 220 personas, la principal preocupación de quienes el 30 de noviembre de 2010 perdieron sus hogares por consecuencia de las lluvias es la falta de respuesta. La mayoría de los afectados teme que no les adjudiquen las viviendas prometidas por el Gobierno.
Las 72 familias que aún habitan el Cuartel San Carlos consideran injusto que hasta la fecha la madrina designada para hacerle seguimiento al caso, la ministra de Educación Universitaria, Yadira Córdova, no les ha informado cuándo serán remitidos a sus casas, tal y como sucedió con 44 grupos familiares que abandonaron el refugio.
“Aunque mi hermano está refugiado en Fuerte Tiuna, ya le dieron las llaves de su apartamento que se lo están terminando de construir en Ciudad Caribia, pero nosotros no sabemos si nos están tomando el pelo o si nos olvidaron”, dijo una damnificada que, por temor a represalias, pidió no ser identificada.
Mirna Josefina Maica fue la más valiente de los damnificados de ese refugio. Aunque todos los consultados expresaron su rechazo a las irregularidades que ocurren en el albergue y a la falta de respuesta, la mujer aseguró que no le da miedo denunciar públicamente los atropellos por parte de otros refugiados y de los guardias nacionales encargados de la custodia del lugar.
“Yo me quiero ir de aquí. Digo mi nombre porque no tengo miedo y porque me afecta como vivo con las personas que no respetan las normas de convivencia. Muchos están en cubículos, pero yo vivo sola en esta carpa que está en toda la entrada. Hay quienes hacen bulla con las motos, traen a sus perros y ponen la música a todo volumen y los guardias nacionales no hacen nada porque se venden por un café y una comida, y no hacen su trabajo como es”, afirmó.
Maica es una de las 25 familias que viven en carpas. Aunque el toldo mide menos de 4 x 4 metros, en el lugar se observa una armonía atípica con el ambiente del refugio. Afuera hay botes de agua, restos de animales y algunos desechos, pero en la parte superior de la litera que tiene en la vivienda provisional conserva en orden la ropa y los artículos personales y en el estante destacan sahumerios e inciensos que ocultan el olor del albergue.

Condiciones infrahumanas. Las 220 personas alojadas en el Cuartel San Carlos cuentan con 1 fregador, 2 baños y 2 duchas, pero la mayoría de los damnificados prefiere bañarse frente a los lavamanos, pues aseguran que debido a la cantidad de perros y otros animales que viven allí, hay pulgas en esa área.
“No me atrevo a bañarme en esas duchas porque nos consta que hay pulgas. Es muy triste vivir así y sin la compañía de mi madre, pero como ella tiene 81 años de edad reside con mi hermana. No puedo tenerla aquí porque está operada de la cadera. Aquí hemos aguantado la pela porque tenemos fe de recibir vivienda. A pesar de que no nos toman en cuenta, aún tengo la esperanza de que me den mi casa, si no, tendré que construir una vivienda aquí y nadie nos puede dejar desamparados en la calle”, advirtió una refugiada proveniente de Blandín.
La mujer, que desde los 17 años de edad vivía en Blandín, agregó que la mayoría de los niños del refugio se han enfermado por las condiciones en que se encuentra el albergue: “Casi todos los pequeños que han llegado se han enfermado de los pulmones porque, además del frío que pasamos, el techo bota un polvillo. El otro tema que nos ha generado inconvenientes es que hay familias que se han traído a sus perros, lo que no contribuye con el orden y la limpieza del lugar”.

Desesperación en La Florida
La exigencia de los 900 damnificados, que desde el 29 de noviembre de 2010 viven en el refugio ubicado en el edificio Líder de La Florida, es similar a los albergados en el Cuartel San Carlos: piden respuestas concretas con respecto a sus solicitudes de viviendas. Además rechazan que desde el 10 de diciembre no han recibido más alimentos, pese a que anteriormente les surtían comida semanalmente.
“En diciembre no nos pagaron el bono navideño y hasta ahora no nos han traído comida; ya tenemos un mes sin recibir alimentos. Hemos ido al Ministerio de Vivienda y no nos han querido atender. Lo que pedimos es que nos enseñen el listado de las adjudicaciones de nuestras viviendas”, dijo uno de los voceros del albergue.
En el refugio hay familias provenientes de Caricuao, La Vega, Catia y Sucre.