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Profanación de tumbas signó el Día de los Muertos

Stephany Soto lamentó que intentaran sacar a su padre de la tumba  / Omar Véliz/El Nacional

Stephany Soto lamentó que intentaran sacar a su padre de la tumba / Omar Véliz/El Nacional

Deudos visitaron el camposanto para conmemorar la fecha y aprovecharon para exigir más seguridad

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En el sector El Pino, del Cementerio General del Sur, es común ver las placas de las fosas fuera de su lugar. Ayer, a propósito del Día de los Fieles Difuntos, fueron muchos los que acudieron al campo santo a visitar a sus familiares fallecidos. Ahí observaron cómo parte del cemento que usualmente cubre las urnas no estaba.

Stephany Soto acudió a llevarle flores a su padre, enterrado hace un año y dos meses en la calle 29. Relató, con los ojos llorosos, que nunca antes había visto una tumba abierta y lamentó que intentaran sacar el cuerpo de su padre.

Un sepulturero, que no quiso identificarse, le aseguraba a la joven que por 400 bolívares le solucionaría el caso ayer, con la colocación de una placa de hormigón sobre la cabeza de su progenitor. Al parecer, esa parte del cuerpo es muy demandada por los sacerdotes yorubas o paleros, que, según el hombre, entran todas las noches al cementerio a visitar los panteones abandonados en busca de material para hechizos.

Mariluz Ortiz también fue víctima de los profanadores de tumbas. Cuenta que hace 15 días, cuando fue a visitar la tumba de su hijo Rigoberto, se encontró con el sepulcro abierto.

Ortiz cree que no se llevaron el cuerpo de su hijo por el modo como fue sepultado: en una bolsa plástica y en avanzado estado de descomposición. “El murió producto de un atraco para quitarle 7.000 bolívares. No me parece justo que si su vida valió tan poco y lo mataron por una estupidez, ahora tampoco lo dejen en paz”, agregó.

Paisaje desolador

Aunque ayer se observaron a funcionarios de la Policía de Caracas que pedaleaban en bicicletas las primeras cuadras del cementerio y otros estaban recostados en las motos en la entrada, los visitantes se quejaron de la falta de seguridad.

Carmen Ramos dijo que por primera vez en cuatro años visitaba la tumba de su hijo. “Está enterrado en el sector Las Siete Capillas, y eso allí está desastroso y sin vigilancia. Sufro del corazón y por eso no había venido antes. Esta vez lo hice porque estoy con mis dos hijas”, dijo.

La maleza y la desidia siempre están presentes en el cementerio, y si bien en las primeras dos cuadras se observaba la hierba recién cortada, pocos metros más adelante el abandono se hacía sentir. El sacerdote Atilio González, con 22 años en el lugar, lo resumió con palabras sencillas: “Esto está totalmente abandonado, son 267 hectáreas bajo la maleza. Hay cualquier cantidad de tumbas profanadas. Lo que queda es rezar”.