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Pese a las reparaciones la Cota 905 sigue en riesgo

El muro de contención que se construye mide 35 metros de largo / Ernesto Morgado/El Nacional

El muro de contención que se construye mide 35 metros de largo / Ernesto Morgado/El Nacional

A pocos metros de donde realizan refacciones en la vía, se cayó un pedazo de montaña el 19 de octubre

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Aunque desde hace cinco meses el Gobierno del Distrito Capital trabaja en la reparación de un tramo de la Cota 905 en el sector El Naranjal, esa avenida corre el riesgo de colapsar debido a las construcciones ilegales que continúan levantándose en la parte superior de la montaña, que se ven afectadas cada vez que hay lluvias fuertes.

Desde hoy y hasta el próximo 5 de noviembre, el segmento de El Naranjal, en la avenida Guzmán Blanco, conocida como Cota 905, estará cerrado para el tránsito automotor, pues esta semana la cuadrilla de trabajadores terminará de extraer el material contaminado de aguas servidas, colocará un nuevo relleno de piedras, armará el acero y vaciará el concreto, explicó Ángel Román, encargado de la obra que restituye la calzada.

Algunos vecinos se mostraron complacidos por los trabajos de refacción, pero advierten que el buen estado de la vía no sólo dependerá de la calidad del muro de tierra armada colocado para sostener el talud, sino también de que se complemente con un sistema de canalización de las aguas que fluyen desde de la montaña, donde todavía hoy, como desde hace 25 años, se registran invasiones.

Trabajos realizados

Quien ayer haya intentado tomar la Cota 905 como vía alterna para ir a El Paraíso, se topó con un colchón y unos potes de pintura que indicaban el cierre de la vía. Román explicó que desde hace tres años la calle daba muestras de deterioro, con hundimientos parciales. Sin embargo, cinco meses atrás fue cuando se quebró el ciclo de reparaciones superficiales -únicamente colocaban asfalto sobre la vía- y se procedió a estabilizar el talud que sostiene la avenida.

“El sistema de tuberías que canaliza las aguas de lluvias y las aguas servidas se fracturó y terminó hundiendo el terreno. Hubo que cambiar los conductos, bajar el talud, construir un muro de tierra armada, demoler la calle y empezar a construir un trozo nuevo”, enumeró Román. Añadió que el próximo vaciado de concreto tendrá 20 centímetros de espesor, para resistir el constante paso de vehículos pesados.

Indicó que el proyecto del muro de tierra armada, de una extensión de 35 metros de largo, incluye un vaciado de concreto sobre el talud y se levantará únicamente en la zona crítica. Es decir, el proyecto no incluye otros sectores de la montaña que han sufrido derrumbes en los últimos días, luego de las fuertes lluvias ocurridas en la capital la tercera semana de octubre.

De hecho, el viernes 19 de octubre se cayó un pedazo del cerro a menos de 60 metros del lugar donde ahora están haciendo las reparaciones y la cuadrilla no puede hacer nada al respecto, pues, según Román, se trata de un imprevisto. “La comunidad tendrá que presentar otro proyecto”, agregó.

Permanente

Douglas Pérez nació hace 45 años en la comunidad de El Naranjal 1 de la Cota 905. Califica de maravilloso el trabajo de reparación de la calzada que actualmente realizan los trabajadores del Gobierno del Distrito Capital en la comunidad, pero lamenta que las autoridades no tengan el mismo empeño para resguardar la montaña y evitar de ese modo las invasiones en la zona.

“Con las lluvias se vino un pedazo de tierra y tuvieron que cerrar la vía. En ese lugar hay gente que tiene casas asignadas en el estado Miranda, pero regresan o mandan a sus familiares a invadir. Entonces, las aguas servidas de las viviendas caen todo el tiempo sobre la tierra y terminan picando la montaña, que luego se derrumba sobre la avenida principal”.