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Pasajeros deberán esperar hasta el lunes para usar el Cabletrén

Cabletrén | William Dumont

Cabletrén | William Dumont

Ayer se realizaron paseos en el transporte, pero las estaciones permanecían con las santamarías abajo

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“Ponte ahí para tomarte una foto”, le dice Ana Pérez a su hija, de 10 años de edad, mientras hacen la cola para montarse en el primer sistema Cabletrén del país, en Petare. “Es que está emocionada”, justifica con una sonrisa, mientras se dirige a los pasajeros que tiene al lado.

La primera fase del sistema de transporte –tres de cinco estaciones- fue inaugurada el miércoles en la tarde por el presidente Nicolás Maduro, pero los petareños que se acercaron al Cabletren descubrieron que aún no está operativo.

La inversión en la obra, que abarca 2,1 kilómetros, fue de 440 millones de dólares, y se tiene la expectativa de que beneficiará a 120.000 personas.

Esta semana sólo estarán disponibles paseos desde la estación de Petare II, pasando por 19 de Abril, hasta llegar a 5 de Julio y el regreso, sin que nadie se baje en las paradas porque las santamarías aún están cerradas.

Un trabajador del servicio indicó que comenzará a funcionar oficialmente el próximo lunes, de 5:00 am a 10:00 pm. Por ahora, la intención es que los potenciales usuarios se familiaricen con las instalaciones, el recorrido y las normas.

Una mujer guía la entrada como si se tratase de un museo. Comenzando el recorrido alguien grita “¡Viva Chávez!”, y otra voz a lo lejos responde “¡Qué viva!”. Atribuyen la obra al mandatario fallecido, que en 2008 prometió que estaría listo en 2011.

Las escaleras mecánicas conducen a la plataforma donde se esperará la llegada del vagón frente a unas puertas transparentes. Finalmente, se acerca el tren: los niños se emocionan como si se tratara de una atracción de parque de diversiones.

Se abren las puertas y la mayoría se dirige a la punta para tener la mejor vista del cielo, la montaña, la autopista, el barrio: “Parece una montaña rusa, pero le falta ir más rápido”, dice una de las niñas.


Beneficios y sacrificios. Nuvia Ortega, comerciante y residente de Petare, tuvo miedo un instante cuando comenzó el viaje en el Cabletrén, pero el resto de la experiencia le resultó placentera.

“Me favorece, pues vivo en La Dolorita y si me bajo en la última estación, agarro otra camioneta y llego más rápido a mi casa y evito la cola”, señala.

La seguridad es el aspecto que le atrae a Irmis Rodríguez, particularmente para los que se venían caminado de Petare hasta las distintas entradas del barrio por la avenida principal.

María Rodríguez aún agarra el rústico en el Terminal de Petare porque la lleva hasta el cerro donde vive.

Isidra Marrero expresa que no le resulta práctico el sistema porque para llegar a su vivienda en Vista Alegre, desde el Cabletrén debe subir escaleras, y no puede por las rodillas, por lo que también prefiere el rústico.

Un sector que aplaude el sistema, pero se encuentra a la expectativa es el de los comerciantes y residentes de la zona donde continuará la construcción del segundo tramo.

Víctor Larry Aponte visualiza desde la ventana el final del tramo inaugurado y desde un costado, las bases por donde continuarán la construcción: “Estamos esperando que vengan. No nos han ofrecido nada aún, pero dicen que a los que sacaron de la zona le pagaron unos buenos cheques”.

Marco Mayora, dueño de un kiosco, recuerda que hace unos meses les hicieron una encuesta para saber si estarían dispuestos a desalojar, porque hay planes de construir en la parte baja un bulevar.

José Reyes, que trabaja en un abasto de la zona, aseguró por su parte que los papeles de los negocios están en auditoría para negociar que sean retirados e indemnizados.


El retraso encareció los costos

Ricardo Sansone, representante de la ONG Familia Metro, recuerda que el Cabletren se encuentra en la escala de baja densidad, lo que significa que el número de pasajeros que traslada es reducido y que en líneas generales responde a un mecanismo sencillo: “Es una construcción ligera, que no requiere grandes erogaciones de dinero, tiempo ni materiales de construcción. Efectivamente, se había hablado de 36 meses”.

Sobre la inversión de 440 millones de dólares, indica que la justificación puede orientarse a que cuando se paralizan las obras, y debido a que los trenes son importados, se debe cancelar un monto por el retraso, en este caso en euros. Agrega que, además, la inflación aumenta el precio de los materiales. 

Sansone destaca que el sistema es bueno, pero que necesita una planificación integral para que sea efectivo: “Es necesario que se establezcan las rutas de transporte superficial para que se descongestione la redoma de Petare. Además, debió construirse una conexión directa con la estación del Metro y no que se saliera de un sistema para entrar en otro”.