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Mercado vintage reunió a nostálgicos y curiosos de la ciudad

La tercera edición del Vintage Market llenó el recinto de La Guayaba Verde. Los ciudadanos se abocan cada vez más a este tipo de convocatorias

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El primer puesto estaba ubicado fuera del restaurante, apoyado contra la pared de vidrio. Iraima Martínez, compradora de antigüedades y artículos de segunda mano, lo atendía con devoción. Observaba los flechazos que surgían entre una persona y el objeto deseado. “Estos mercaditos están hechos para que las cosas fluyan. Para que sean acariciadas por quien será su nuevo dueño”. Se toma muy en serio su labor y atiende a cada uno de los cazadores de tesoros que, alguna vez, pertenecieron a otra persona.

Muñecas de cerámica vestidas con atuendos típicos del mundo, baúles, retablos y mesas pintadas se apoderaban de la atención de quienes iban llegando. La gente entraba con dificultad en La Guayaba Verde, que por tercera vez prestó el local para albergar una nueva edición del Vintage Market. Bárbara Portto, diseñadora y organizadora, tuvo la iniciativa de comenzar con este mercado debido a su inherente interés por la moda. “Lo bueno de esto es que pueden participar coleccionistas de antigüedades, compradores de prendas vintage y quienes ofrecen artículos de segunda mano”, explica.

El mercado ha tenido buena acogida por parte del público, que ve en este tipo de actividades una alternativa “llamativa” para comprar y encontrarse. Portto destaca que, en Caracas, los mercados de pulgas han crecido en popularidad. “Hay quienes viajan por Latinoamérica para comprar ropa y objetos con estas características y se dedican por entero a esto. Es como un estilo de vida”.

Volver a la infancia

No sólo se trata de buscar moda o accesorios. Los juguetes también tienen cabida en este tipo de bazares. Juegos de cartas, carritos y otros más contemporáneos –como los que sirven para tener una heladería propia en casa– llenaban los puestos. Los coleccionistas de libros tenían al alcance novelas gráficas en inglés y español. Mercedes Cedeño exhibía monturas de lentes traídas de Francia que competían en precio y belleza. Había para escoger entre modelos redondos, cuadrados y tipo mariposa.

Las más coquetas y nostálgicas tenían al alcance prendedores, brazaletes y grandes zarcillos de presión, seleccionados por Silvia Rocco en otras ventas de garaje o heredados. Los costos de la ropa y zapatos eran muy asequibles, por lo que daba lo mismo encontrar una camisa de Zara o unos zapatos Coach. En el puesto El Petit Vintage Market se podía encontrar ropa y accesorios disponibles para ser intercambiados por otras.

La música alternaba a Los Amigos Invisibles con clásicos de los años sesenta y sonaba desde un tocadiscos perfectamente conservado. Jacqueline Flugelman, vecina de Los Palos Grandes, paseaba entre todas las opciones con calma y un evidente placer. “Es un mercado simpático, con un ambiente en el que provoca quedarse”.