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Inseguridad amenaza a pacientes y trabajadores del hospital Clínico

Hospital Universitario de Caracas/Henry Delgado

Hospital Universitario de Caracas/Henry Delgado

Las medidas que se han aplicado, señalan representantes de la UCV, han sido suficientes

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El Hospital Universitario de Caracas y sus alrededores están en situación de vulnerabilidad. La inseguridad es una amenaza para pacientes, trabajadores y transeúntes, y las medidas para frenarla parecen ser insuficientes.

Un reporte, escrito esta semana por el representante del Rectorado de la Universidad Central de Venezuela en el hospital, refleja la gravedad de la situación. Roberto Ochoa, autor del documento, afirmó que desde hace cuatro años ha habido robos –dentro y fuera del Clínico–, atracos y momentos de tensión. El caso más reciente, que acentuó las preocupaciones, fue el asesinato de José Alejandro Blanco, el 19 de febrero de 2013, muy cerca de las puertas del centro de salud.

Ochoa explicó que las medidas que se han aplicado han reducido los hechos delictivos, pero no los han evitado por completo. En 2010, indicó, instalaron detectores de metales, pero no han sido efectivos. “La mayor parte del tiempo están apagados, y cuando funcionan, la gente pasa por un lado”, dijo.

En los alrededores del hospital, apuntó, la situación no mejora, debido a la presencia de buhoneros que no están autorizados por la directiva del centro de salud ni por la universidad. Pese a esa prohibición, continúan su trabajo frente al hospital, incluso hasta muy tarde en la noche.

También, dijo, hay gran cantidad de mototaxistas que no cuentan con los permisos: “La directiva permitió que trabajaran seis personas, pero después llegaron más”. Ochoa destacó que muchos de los hechos delictivos han ocurrido con motorizados.

Los funcionarios del Dispositivo Bicentenario de Seguridad trabajan en las puertas del hospital desde 2011. Sin embargo, dijo Ochoa, son personas mayores de 50 años de edad que no cuentan con armamento. También se hacen requisas a la salida de los médicos, profesores y estudiantes, pero no, en las puertas que utilizan los trabajadores. “Deberían hacerlo en todos los accesos”, destacó.

El representante del Rectorado indicó que el ambiente dentro del hospital no se ha afectado, pues los trabajadores tienen mística. Sin embargo, una joven residente que fue asaltada en 2010 renunció al posgrado y no regresó más.

 En consejo. Si bien el hospital depende del Ministerio de Salud, también es preocupación de la UCV por encontrarse en el campus. Ochoa entregó el reporte a la rectora Cecilia García Arocha, y ella lo expuso esta semana en el Consejo Universitario. “Leí este informe en el consejo y lo consigné para que formalmente fuera del conocimiento de los integrantes. Sería ideal que el Gobierno evaluara la situación del hospital”, señaló.

 Peligros controlados

En otros hospitales de Caracas la inseguridad ha sido un problema. En el José Ignacio Baldó, conocido como El Algodonal, ocurrían robos en las vías internas del centro de salud y sustracción de equipos médicos. María Yánez, presidente de la sociedad médica, señaló que desde que instalaron a los funcionarios del Dibise en las puertas del hospital –después de la crisis de 2011–, la situación se ha controlado.

En el hospital Leopoldo Manrique Terrero había robos, atracos y heridos en los alrededores. Zuleika Pérez, trabajadora administrativa del centro de salud, refirió que por los locales y licorerías cercanas, eran frecuentes estos hechos delictivos.

El 16 de febrero, después de la intervención del hospital, cerraron estos comercios. Pérez señaló que esta medida ha contribuido a mejorar la seguridad.