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El Hospital Militar retorna lentamente a la normalidad

Fachada del Hospital Militar Carlos Arvelo / Archivo

Fachada del Hospital Militar Carlos Arvelo / Archivo

El cerco de seguridad fue retirado de las instalaciones del centro asistencial, de donde salió el miércoles el cortejo fúnebre presidencial

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El bullicio regresó a la calle El Matadero de San Martín. A diferencia del miércoles, cuando dos columnas de funcionarios de la Guardia Nacional restringían la entrada al Hospital Militar Dr. Carlos Arvelo y cientos de personas se agolparon frente a ese centro de salud para llorar la muerte del Presidente Hugo Chávez y acompañar su cortejo fúnebre, ayer en la mañana sólo cuatro miembros de ese componente vigilaban la alcabala de entrada del centro asistencial y, los seguidores del jefe del Estado se habían retirado, para despedirle en la Academia Militar.
La panadería J-Kelly, diagonal a la entrada del hospital, levantó nuevamente su santamaría, al igual que lo hizo el restaurante San Martín Grill  y el local de Delicias Andinas. Los vendedores ambulantes de la misma calle El Matadero, perpendicular al centro asistencial, retomaron sus faenas. Agua de coco, empanadas, plátanos y tizanas se despachaban con ritmo vertiginoso, lo que indicaba que la normalidad retornaba con el paso de las horas.
Puertas adentro, el hospital lucía tranquilo. Nadie revisaba bolsos, preguntaba destinos o custodiaba con la mirada; se podía caminar con absoluta normalidad por pasillos y jardines, salvo hasta el piso 7 del ala sur, donde dos miembros de la Guardia de Honor presidencial cercaban la escalera e impedían que alguien pudiera subir por ese acceso.
Igual ocurrió con el elevador: el ascensorista explicaba a los pacientes que el artefacto no se detendría en los pisos 8 y 9 del edificio. “Tiene que entrar por el ascensor del ala norte y subir hasta la Unidad de Trasplantes”, recomendó a una visitante.

Sin información. Al ascender por ese lugar, el piso 9 tampoco revelaba grandes datos respecto a dónde pudo haber estado recluido el primer mandatario nacional. Al llegar a ese nivel, a través de las escaleras y siempre por este lado del hospital, lo primero que se observa es una puerta con el aviso de quirófano. Sin embargo, no es visible ningún elemento sobre el paso de Hugo Chávez. De esas paredes, únicamente cuelgan cuadros.
Enfermeros, médicos y hasta el personal de limpieza siguen siendo herméticos. “Trajeron a un equipo particular que lo atendía”. “Nunca me acerqué a esa zona”. “Él estaba en un área restringida”. “¡Tenga cuidado, la pueden sacar de aquí!”, fueron algunas de las frases expresadas rápidamente.
“Nadie sabía nada. Nadie soltó prenda”, comentó un joven que desde hace dos años vende periódicos y chucherías en un puesto dentro del hospital. Ni siquiera por la confianza que la rutina diaria le hizo cultivar con médicos o enfermeras pudo saber algo sobre el Presidente.
Tampoco Carlos Bustamante, quien vive frente al hospital, en la casa número tres de la calle José Ángel Lamas, pudo verlo. Recuerda que un día antes de saberse la noticia de su regreso al país, notó mucho movimiento por parte de miembros de Casa Militar, Policía Nacional Bolivariana y Guardia Nacional. “Sólo al día siguiente, cuando leyeron su twit, supimos que estaba allí dentro”, dijo Bustamante, mientras se secaba los ojos y se prometía a sí mismo no llorarlo más, pues estaba deshidratado de tanto hacerlo. “Nadie pensó que se iría. Eso nos cayó como una bomba” y calló, para continuar llorando.

Historia secreta
En la planta baja del Hospital Militar Carlos Arvelo, a pocos pasos del cafetín, hay una oficina donde se abren todas las historias médicas de los pacientes y otra donde se archivan. Cuando se inquiere acerca de la historia médica del presidente Hugo Chávez, la respuesta es parca: “Mejor acuda a la oficina de dirección, esa debe estar allí”. Las empleadas se voltean y dan la espalda. Lo único que puede concluirse es que la historia médica del Presidente no tendrá el mismo destino de la de otros pacientes del centro de salud y seguirá siendo confidencial.