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La GNB actuó junto a civiles armados en el centro de Caracas

La represión comenzó a las 9:00 pm del 19 de febrero y dejó heridos de bala entre las avenidas Urdaneta y Panteón

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Cuatro barricadas dispuestas en un eje clave de Caracas, la noche del 19 de febrero, contradijeron la pretensión gubernamental de mantener libre de protestas el municipio Libertador: el paso fue cerrado por los vecinos de la recta que conecta las avenidas Urdaneta y Panteón, en el centro de la ciudad, a escasas 11 cuadras del Palacio de Miraflores. La prohibición de manifestaciones de la oposición en esa zona de la ciudad la habían advertido días antes el presidente Nicolás Maduro y el alcalde Jorge Rodríguez.

Por primera vez los vecinos de la avenida Urdaneta desplegaban obstáculos para trancar la vía en sentido oeste. Un grupo tomó las calles para protestar, mientras desde los edificios sonaban las cacerolas y en la televisión anunciaban el inicio de una cadena nacional. “La cosa se prendió cuando Maduro hizo un pase a Ernesto Villegas que se encontraba en la Plaza de Parque Carabobo”, dice un residente del sector.

En la esquina Candilito, a las 9 de la noche, llegó un vehículo con guardias nacionales que de inmediato dispersó a los manifestantes, relata Lilian Granados, vecina de la zona. Agrega que los policías hicieron detonaciones y desde los edificios les gritaban a los funcionarios para que no arremetieran contra los que protestaban.

Francisco García decidió correr hacía la esquina de Platanal y los guardias fueron tras él. Cuando el hombre cayó frente al Ministerio de Agricultura y Tierras por un impacto de bala en el pie, las voces desde los apartamentos coincidieron en una acusación: ¡Asesinos! A García se lo llevaron pocos minutos después los mismos militares.

“Escuché dos detonaciones con poco tiempo de diferencia, luego la patrulla militar llegó a donde estaba el herido, lo montaron y se fueron. Yo corrí hacia uno de los pocos restaurantes que quedaron abiertos y me resguardé allí. Enseguida llegaron más de 100 motorizados entre policías y civiles armados”, dijo un testigo que solicitó no revelar su identidad.

Para resguardarse, otros manifestantes corrieron hacia la avenida Panteón por la avenida Norte 13, donde tres barricadas ardían en las esquinas de Mirador, Esmeralda y Brisas de Gamboa. Más tarde el fuego sería apagado por la ballena. A la intersección entre la Av. Norte 13 y la Panteón llegaron los mismos efectivos, pero esta vez en gran cantidad de motos. También desde los apartamentos les gritaron su rechazo.

 

Segundo herido

La cámara de seguridad del edificio Roda, en Brisas de Gamboa, captó más que las motos y el humo de las barricadas. En algún momento –aún los vecinos no conocen por qué– Roberto González se separó del grupo con el que protestaba en las cercanías. El estudiante de la Universidad Santa María, fue rodeado por los guardias y presuntamente discutían. El sistema de vigilancia captó el fogonazo y luego a González casi en posición fetal en el suelo, según refieren testigos que los han visto. Los militares inmediatamente se retiraron. Vecinos del sector acudieron a auxiliarlo y finalmente una pick up blanca se detuvo para trasladarlo a un centro asistencial.

Habitantes de la zona señalan que la noche del miércoles la Guardia Nacional hizo varias rondas en moto para, junto con colectivos armados, retirar los obstáculos que bloqueaban las calzadas. La primera, recuerdan, fue casi a las 9:00 pm. “Se bajaron y empezaron a quitar la basura de la barricada. Se la lanzaban a la gente que estaba ahí. Empezamos a gritar de los edificios y dos GN se bajaron corriendo de las motos y empezaron a disparar a las torres con sus armas largas”, relata una vecina de la esquina San Narciso, en la avenida Panteón. Agrega que los miembros de colectivos dispararon también a los edificios, esta vez con armas más pequeñas. “Los civiles llegaron con botellas de agua para apagar la basura. Mientras quitaban la barricada gritaban: ¡Viva Chávez, fascistas, imperialistas!”.

Otros habitantes de la zona aseguran que los civiles armados iban como parrilleros en las motos de los militares. Un vecino señala que en las calles quedaron restos de los cartuchos que los guardias dispararon contra los edificios: “Llegaron disparando perdigones y balas sin mediar palabras”.