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Fieles de Santa Teresa luchan por rescatar el Limonero del Señor

El Limonero del Señor movilizaba a los fieles que visitaban el templo en Semana Santa / Archivo

El Limonero del Señor movilizaba a los fieles que visitaban el templo en Semana Santa / Archivo

El emblemático árbol caraqueño tuvo que ser podado, luego de los destrozos que le causaron  indigentes

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Dice la leyenda urbana que en 1597 una mata de limón en la esquina de Miracielos, tocada de forma accidental por la figura de San Pablo, logró curar a los fieles de la peste que proliferaba en Caracas. Generación tras generación, la historia del Limonero del Señor ha recorrido cada rincón de la ciudad. En 1923, el poeta Andrés Eloy Blanco le rindió honores al emblemático árbol con el poema que lleva su nombre.

Lo que entonces fue considerado un árbol milagroso, alrededor del cual creció la devoción hacia el Nazareno y por la que se plantó un limonero frente a la basílica de Santa Teresa, hoy sufre las consecuencias del abandono y la inseguridad en las cercanías del templo, localizado entre las esquinas de La Palma y Santa Teresa, en el centro de la capital.

Hace mes y medio, el limonero fue destrozado de manera salvaje por un grupo de indigentes y tuvo que ser podado con el fin de salvar lo que queda del árbol.

En la esquina oeste de la basílica reposan unos centímetros del tronco original. Pese a que se encuentra rodeado con una reja alta para su protección, el árbol ha estado expuesto al maltrato de mendigos y borrachos que deambulan por las noches en busca de un lugar donde dormir.

Josefina Rada, quien trabaja en la basílica desde hace 40 años, apunta que aunque el árbol no es el mismo del siglo XVI, desde hace varios años funge como símbolo de la leyenda religiosa. Lamenta que el Limonero del Señor no estará presente para conmemorar la próxima Semana Santa junto a los cientos de feligreses que visitan la iglesia año tras año.

“Aquí no tenemos vigilancia, no hay policías, estamos a la buena de Dios ante la inseguridad”, dice Rada.

Lilian Aguilar, comerciante de velas en la entrada de la basílica, cuenta que como fiel creyente del Nazareno ella recogió algunos limones de esa mata para curarse sus dolencias.

“No puede morir, siempre vuelve a crecer y seguiremos con la historia del limonero”, señala.

El párroco de la iglesia, monseñor Adán Ramírez, explica que debido al abandono policial en el ala oeste de la basílica, el árbol y sus frutos eran constantemente arrancados. “Siempre había recibido ataques, pero esta vez fue brutal. El árbol era parte de la tradición venezolana”.

“Hay vigilancia en la plaza Alí Primera, pero la parte oeste de la basílica está totalmente abandonada, hay proliferación de buhoneros casi en la puerta de la iglesia. Me da mucho dolor tanto abandono. La basílica es un monumento nacional y un lugar de culto por excelencia de los caraqueños, debería estar bien resguardada”, opina Ramírez.

Tras la agresión, colaboradores de la basílica intentaron recoger algunas ramas del árbol que estaban casi caídas, atándolas para mantenerlas en pie, cuenta Rada. Sin embargo, el daño fue irreversible y tuvo que ser podado para evitar que se secara por completo.

Ramírez tiene esperanzas de rescatar el limonero, por lo que se encuentran germinando en viveros algunas semillas del fruto provenientes de la planta original. No obstante, manifiesta su preocupación porque los indigentes que por las noches saltan la enorme reja para dormir allí destrocen los retoños que ya empezaron a nacer del tallo.

Símbolos en extinción

Al igual que el Limonero del Señor existen otros árboles emblemáticos en la ciudad que están en peligro de desaparecer. La presidente de la Sociedad Amigos del Árbol, Edilia de Borges, menciona, por ejemplo, la ceiba de San Francisco, expuesta a sufrir deterioro debido al monóxido de carbono de los vehículos y por los constantes desechos sólidos que arrojan sobre la especie, afirma.

La semana pasada, Sadarbol recibió la denuncia de la presunta tala indiscriminada del araguaney que durante por lo menos una década se alzaba sobre una acera en la calle Mucuchíes de Las Mercedes.

Una especie representativa de origen caraqueño, llamada mijao o Anacardium excelsium, resultó quemada en Candelaria; y otro de nombre palo grande, en Chacao, también se ha deteriorado, añadió la vicepresidente del Jardín Botánico, Argelia Silva.

“Se han ido perdiendo porque no se utilizan para reforestación, no son comercialmente utilizables, son más complicados de reproducir en viveros. Han sido sustituidos por especies que crecen más rápido”, indicó Silva.