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Desentierran la historia funeraria de la Caracas colonial

El antropólogo Luis Guillermo Román encontró 28 nichos, ocupados en su mayoría por frailes franciscanos, y 2 osarios 

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Con fina caligrafía hecha a base de grafito alguien escribió el nombre de Juan Nepomuceno Reina en una pared de ladrillo. Junto a la identificación hay una fecha: agosto 5 de 1794. Desde entonces reposan los restos del fraile franciscano en una cripta localizada bajo la sacristía de la iglesia de San Francisco. Afuera del templo no cesa el voceo de los buhoneros de la avenida Universidad y el barullo de las inmediaciones del Palacio Federal.

Un total de 28 nichos y 2 osarios fueron encontrados este año en un área de 48 metros cuadrados bajo la sacristía del templo. Otros 24 franciscanos cuyos nombres están escritos en grafito descansan en los nichos. La tumba 25 tiene una placa de mármol con el nombre de José María Barroeta –abuelo del periodista y escritor fallecido Pedro Barroeta– con fecha de 1853. A diferencia de estos, los 3 nichos restantes no están cerrados con una pared de ladrillos. Los restos allí depositados están descubiertos. Hay un cráneo sobre una pila de huesos y una urna de madera con la inscripción 1863 marcada en un lateral. Un trozo de periódico de enero de 1946 permite inferir a Luis Guillermo Román, antropólogo y coordinador del Proyecto Arqueológico de la iglesia de San Francisco, que esa fue la fecha en que el cuerpo se trasladó desde una de las naves del templo –donde fue enterrado originalmente– hasta la cripta, a raíz de la construcción de una puerta lateral.

En 2011 comenzó la restauración de la iglesia de San Francisco, uno de los primeros templos de la Caracas colonial levantado en 1593, según el diseño del maestro alarife don Antonio Ruiz Ullan, como un anexo del convento de San Francisco, que hoy es el Palacio de las Academias. La recuperación abrió la puerta a la memoria funeraria caraqueña. 

El investigador comenzó el registro de los retablos y a medida que avanzaba la obra elaboró un proyecto para despejar y liberar la cripta que hasta el año pasado funcionó como depósito. “El acceso estaba restringido. Había una reja que impedía el paso. Lo primero que hicimos fue limpiar y ponerle luz al salón, y nos encontramos con que todo estaba frisado. Bajo el friso se veían con luz rasante los rasgos de los escritos en las paredes. Comenzamos a decapar y nos encontramos con los nombres de los que están enterrados aquí”, explica Román.

Cada nombre está escrito con diferente caligrafía. Una vez confirmada la presencia de los nichos, correspondió el turno de los osarios. Una capa de cemento cubría el piso de ladrillo original. Ese piso estaba 40 centímetros por encima de la altura actual. Se removió, se encontraron los ladrillos, varios escalones y un promontorio de tierra. Para Román no fue sorpresa que al excavar apareciera el osario, pues era una figura propia de las iglesias coloniales. La novedad fue que hubiese dos.

“Creemos que el osario que está más lleno corresponde a los no religiosos, que incluye a condes, marqueses y principales de Caracas, miembros de la clase pudiente de la ciudad que pagaban para ser enterrados en los templos. El otro debe ser de representantes de la Iglesia”, agrega.

Las fosas de los osarios tienen 2 metros de profundidad cada una. Por lo menos 1,4 metros están llenos de huesos.

A la vista de todos

El objetivo de Román es hacer de la cripta un área que se pueda visitar. La última etapa del proyecto es que se convierta en museo. Hasta ahora han avanzado en la iluminación y presurización, esta última necesaria para que el dióxido de carbono que emiten los humanos al respirar no afecte las tumbas. Román afirmó que falta incorporar una pasarela de vidrio o de acero perforado, con capacidad para soportar una persona a la vez, que se ubicará por encima de los osarios y equidistante de los nichos, de manera que sean visibles las inscripciones y las fichas descriptivas que las acompañarán.

El recorrido museístico empezará en la sacristía, que también fue restaurada y donde, entre otros tesoros, se conserva el único zócalo que permanece en su lugar desde la Colonia y un armario que perteneció al abuelo de Simón Bolívar, quien hace 200 años recibió su título de Libertador en ese templo, al finalizar la Campaña Admirable, el 6 de agosto de 1813.

Valor patrimonial

Los trabajos de restauración de San Francisco estuvieron en manos de la Dirección de Patrimonio, adscrita a la Cancillería, y luego pasaron a la Fundación Propatria 2000. Luis Guillermo Román, coordinador del proyecto arqueológico,  reconoce que en este momento las obras para la musealización avanzan a paso lento y solicita mayor vigilancia en la cripta.

"La recuperación del patrimonio no se puede ejecutar como si se tratase de un operativo. Muchas veces se intervienen las iglesias de manera poco consciente y el valor real, estético, histórico y patrimonial se pierde. No es sólo poner un edificio bonito, sino que sean bonitos estéticamente y embellecer su historia. Un edificio de 500 años no se restaura en 6 meses. Si no reconocemos nuestro pasado, vivimos en un presente a medias y en el futuro no sabemos si lo conocerán”, afirmó el experto. 

El templo es Monumento Histórico de la Nación desde en 1956. Los terremotos de 1641 y de 1812 obligaron a reconstruir el edificio. Antonio Guzmán Blanco ordenó la remodelación en 1887, a la que se debe el aspecto actual. La más reciente intervención de la iglesia se hizo en 1953 y estuvo a cargo del arquitecto Luis Malaussena, autor del Paseo de la Nacionalidad en Los Próceres.

Los Datos

Luis Guillermo Román participó en la restauración de la catedral de Valencia, donde también se encontraros restos arqueológicos 

En San Francisco hay tres criptas. La recuperada por Román, una que está a la vista perteneciente a la orden de los franciscanos y otra, en la que se cree están los españoles y principales más poderosos del período colonial.