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"No importa que tumben los edificios siempre que no usen explosivos"

Nueva Tacagua | Leonardo Noguera

Nueva Tacagua | Leonardo Noguera

Los habitantes de la zona temen que el uso de dinamita deteriore aún más la vialidad y agriete las viviendas

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Los escombros de la terraza L de Nueva Tacagua son un recordatorio de los estragos que puede causar una implosión en el sector. Permanecen en el mismo sitio desde 1999, cuando el ex presidente Hugo Chávez se presentó en el lugar y ordenó el uso de 450 kilos de dinamita para demoler las torres en riesgo inminente.

“Después de eso sufrimos daños en la carretera, hay botes de aguas negras y las casas están rajadas”, afirmó Luis Gustavo Cárdenas, residente de Barrio Nuevo, sector ubicado al lado de la terraza O. Tras la explosión serían reubicadas 2.727 familias que vivían en el urbanismo; pero los cálculos hechos por la comunidad indican que todavía hay alrededor de 1.000 familias en Nueva Tacagua.

Temen que otra explosión empeore las condiciones del sector, especialmente el acceso. Hay una sola vía de entrada y salida, llena de cráteres, por momentos de tierra y en muchas áreas levantada. El sábado se organizaron y evitaron que la Dirección General de Armas y Explosivos utilizara 600 kilos de pólvora para demoler los cuatro bloques de la terraza KK; aunque uno de ellos ya cedió por el efecto de la gravedad y la falla geológica que afecta la zona.

"No nos importa que tumben los edificios, siempre que no usen explosivos", declaró Lucy Hernández, vecina de la torre que intentan demoler. “Dicen que se corre el riesgo de que los invadan, pero si nadie se ha metido desde 2005, dudo mucho que lo hagan ahora, además la comunidad no lo va a permitir. Si insisten en tumbarlo, hay otras maneras. Pueden utilizar máquinas o mandarrias”, agregó Hernández.


Onda expansiva. El 18 de julio las paredes de la vivienda de Adelaida García se estremecieron. Ese día hicieron una prueba con los explosivos que alarmó a toda la comunidad. “Hubo un ruido muy fuerte; todo se movió y las paredes vibraban. Fue como un temblor”, describió García.

El ensayo fue suficiente para que la comunidad empezara a organizarse en rechazo a cualquier otro intento de utilizar explosivos.

Alfredo Cilento, investigador del Instituto de Desarrollo Experimental de la Construcción de la Universidad Central de Venezuela, señaló que una voladura en ese sector puede ser equivalente a un sismo de pequeña intensidad: “Puede alterar o mover el terreno y la falla se puede profundizar. Cuando se realizan voladuras controladas se debilitan las columnas para que el edificio se desmorone por su cuenta. Son edificios bajos, por lo que el impacto no debería ser muy grande”.

Funcionarios del Gobierno de Distrito Capital presentes en el lugar el pasado sábado explicaron a los vecinos que la explosión no debería tener consecuencias para ellos. Sin embargo, desconfían. “El sábado a las 2:00 pm habrá otra reunión. Esperamos que escuchen nuestro razonamiento. No pueden explotar eso con nosotros allí adentro”, dijo Hernández.


Sin desalojos. Los residentes de Barrio Nuevo reconocen que el terreno es inestable, pero se niegan a desalojar. Frente a la terraza O los niños juegan entre los escombros y la basura.

Cárdenas afirma que el asunto que realmente les preocupa es el de las vías. “La carretera que tenemos ahora prácticamente la hicimos nosotros, que nos organizamos para traer la maquinaria y comprar los materiales. Al tumbar el edificio con explosivos eso se va a caer”.