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Crisis económica hace cuesta arriba independizarse antes de los 30

Foto Raúl Romero / Archivo

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El deseo de lograr la autonomía incrementa la diáspora de jóvenes profesionales en busca de mejores oportunidades

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En Venezuela, ser adulto no siempre implica autonomía. Llegar a los 30 años de edad y vivir aún en casa de los padres se ha convertido en un fenómeno común, lo que ha hecho que se prolongue el período de la juventud.

A Lorena Velásquez su trabajo como profesora en un colegio privado no le permite acceder a una vivienda o a un vehículo. A los 26 años de edad y con un título de magister en puertas ve lejanas las posibilidades de emprender un rumbo propio. “Más ahorro y más sube todo. Tal vez lo logre en unos cinco años, pensando en buscar otro empleo que no se vincule con la docencia porque los ingresos están por debajo de lo normal”, afirma la joven en un contexto de país que en los últimos nueve meses ha acumulado una inflación de 38,7%.

“Es frustrante llevar una vida agitada, todo el día trabajando y que no te alcance el dinero para nada, ni para pagar los giros del crédito de un apartamento”, dice Juan Francisco Arias, de 25 años de edad.

Durante el anuncio de la segunda encuesta nacional que emprenderá el Ministerio de la Juventud en enero, el director general Xoan Noya informó que el estudio abarcará un grupo de 10.000 personas de 12 a 35 años de edad, un rango mucho mayor del establecido por las Naciones Unidas, que ubica a los jóvenes entre los 15 y 24 años.


Oportunidad demográfica. Una investigación de la ONG Centro de Investigación Social titulada La relación de dependencia en Venezuela. Su heterogeneidad estructural, realizada por Andrés Zambrano y publicada por la página web Venescopio, señala que la población entre 15 y 64 años de edad, que constituye el grueso de la población según datos del INE, creará bienestar económico "siempre y cuando la sociedad sea capaz de generar empleos de calidad en cantidad suficiente para aprovechar el potencial productivo de la población en edad de trabajar".

De acuerdo con el informe del Instituto Nacional de Estadísticas de septiembre, la población desocupada en agosto fue de 1.133.674 personas, equivalente a 8% de los venezolanos, y el problema se ha incrementado precisamente entre quienes tienen de 15 a 24 años de edad.

Mabel Mundó, especialista en políticas públicas en educación en jóvenes, señala que el modelo social ha variado con el tiempo debido a la amplitud de las oportunidades de estudio y a los obstáculos en la incorporación del individuo a la economía.

Hasta la década de los ochenta, por ejemplo, un joven con bachillerato completo podía optar por una profesión a los 18 años de edad. Ahora la situación es distinta: la estructura económica exige cada vez más estudios, lo que obliga a alargar los ciclos de vida y retrasa la incorporación del individuo a la vida independiente, explica Mundó.

El acceso precario a la educación diversificada —en muchos casos por falta de planteles y de cursos de capacitación de gran cobertura—, dificulta responder a esa formación especializada que se le demanda al venezolano, indica la coordinadora de la Defensoría de Niños, Niñas y Adolescentes en el municipio Sucre, Gloria Perdomo.

Perdomo destaca el escaso apoyo que existe para formar técnicos a corto plazo o para facilitar el acceso a programas de pasantías que permitan la inserción en el campo laboral más rápidamente.


En busca de oportunidades. La migración de jóvenes profesionales es una de las consecuencias de esta situación, señalan las especialistas. Miguel Prieto, de 28 años de edad, vive desde hace tres años en Londres, donde ha logrado independizarse. Considera que el actual modelo social y económico obliga a dedicar varios años a los estudios, sin contar con facilidades para trabajar e ir avanzando económicamente desde una edad más temprana.

“Mi problema era que el dinero me rindiera. Salí del país con la aspiración de comprar una casa y un carro, y la verdad es que en Europa no es imprescindible. Pero estoy contento. El sueldo me alcanza para pagar todos mis gastos, vivir alquilado en un apartamento compartido, viajar en vacaciones y ahorrar. En Venezuela no me alcanzaría para la vida que llevo aquí en Londres”, cuenta Prieto.

El salario mínimo, que a partir del primero de noviembre llegará a los 2.973 bolívares, cubre únicamente la comida. Las más recientes cifras del INE indican que la canasta alimentaria normativa cerró en agosto en 2.915 bolívares. Esa cantidad no alcanza para pagar, por ejemplo, el alquiler de un apartamento de una habitación en Parque Central cuyo precio puede ascender a 10.000 bolívares mensuales.

Dayana Medina, de 24 años de edad y licenciada en Comunicaciones Publicitarias, tiene dos trabajos de medio tiempo –en un restaurante y en un gimnasio– y los fines de semana hace de niñera para mantener su independencia en Estados Unidos, donde vive desde hace un año.

“Es difícil. Hay que trabajar duro para tener seguro de vida y pagar los impuestos. Al comienzo mi hermano me ayudaba, pero ahora estoy viviendo alquilada, puedo pagar mi comida y el resto de mis gastos. He logrado cosas aquí que no podía alcanzar sola en Venezuela”, relata.



LAS CIFRAS

12 y 35 años es la edad de quienes serán consultados en la Primera Encuesta para la Juventud


15 y 24 años es la edad en la que se concentra el desempleo joven en Venezuela, de acuerdo con el INE