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Consignas opositoras enfurecieron a colectivos en Catia

Los vecinos de la avenida Simón Bolívar fueron amenazados por haber escrito mensajes en contra de la gestión de Maduro en muros y calles 

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Las paredes de la avenida Simón Bolívar de Catia expresan que no toda la comunidad apoya al gobierno de Nicolás Maduro. El lunes, en la madrugada, fueron escritas con spray consignas parecidas a las utilizadas por la oposición en muros y calles: “SOS Catia. No más violencia. No más balas. No más colas. Catia se une”.

Pero los mensajes no permanecieron intactos por mucho tiempo. Grupos armados, que se identificaron como Tupamaros y Colectivo de Pérez Bonalde, acudieron en tres ocasiones a la urbanización Simón Bolívar para amenazar a sus habitantes e intentar borrar las consignas.

“Los primeros llegaron, en el mediodía, en motos y con megáfonos para decirnos que ‘esto es territorio chavista’.  Rayaron con spray lo que habíamos escrito y se fueron en menos de 40 minutos”, aseguró una vecina, que pidió no ser identificada.
Las amenazas fueron presenciadas por una comisión de la Policía Nacional Bolivariana, según vecinos. Hubo siete horas de silencio después de la primera visita. El lunes, a las 7:00 pm, aproximadamente, regresó un grupo de 30 hombres, dirigidos por dos motociclistas, para arrojar fuegos artificiales a los apartamentos de la urbanización Simón Bolívar.

 “Se autodenominaron Colectivo de Pérez Bonalde y decían que venían de la vereda 7. La mayoría eran chamitos, no deben ser mayores de edad. Y fueron espantados por los vecinos que, al entrar en unas residencias privadas conocidas como ‘El Festival’, procedieron a sacarlos. Tuvieron que irse y no volvieron al sitio”, comentó otro vecino, que pidió resguardar su identidad.

Pistolas 9mm contra cacerolas. La retirada de los miembros del Colectivo de Pérez Bonalde no significó la calma de la urbanización Simón Bolívar. Un grupo de motociclistas, identificados como Tupamaros, se acercó a las 8:00 pm para desenfundar sus pistolas 9 mm en presencia de los vecinos que comenzaron a tocar cacerolas en protesta por las amenazas.  “Dos PNB llegaron al sitio, nuevamente, para mediar y nos insistieron en que debíamos volver a las casas, ya que ellos eran menos que los tupamaros y no podían hacer mucho”, contó un vecino.