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Centros de educación especial aplican cambios impuestos por el ministerio

El Centro de Atención Integral para Personas con Autismo, localizado en Santa Mónica, cambió de nombre | Foto: Leonardo Noguera

El Centro de Atención Integral para Personas con Autismo, localizado en Santa Mónica, cambió de nombre | Foto: Leonardo Noguera

Representantes temen que los alumnos tengan que abandonar el sistema educativo, si no se adaptan

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La institución a la que asistió José Daniel Martínez el año pasado ya no existe. Están los mismos salones, la cancha y los patios intactos, pero el 7 de enero se estrenaron otros métodos de enseñanza. También el nombre del centro fue modificado: dejó de llamarse Taller de Educación Laboral Barinas, y ahora se denomina Escuela Técnica Robinsoniana y Zamorana para la Diversidad Funcional Ana Soto.
En este centro, que se encuentra en Barinas, ya se aplican las transformaciones de la educación especial, adelantadas por el Ministerio de Educación desde el año pasado. La nueva política supone cambios en los nombres de las instituciones y un enfoque distinto: que sea más pedagógico que asistencial, de acuerdo con explicaciones del propio despacho.
La ministra Maryann Hanson dijo en marzo de 2012 que las transformaciones se harían paulatinamente, en un plazo de tres años. Sin embargo, en varias instituciones se han adelantado los cambios.
En el caso del taller laboral de Barinas, desde finales del año pasado comenzaron las discusiones sobre la modificación del nombre y el 7 de enero arrancó el nuevo enfoque pedagógico: los alumnos ya no aprenden un oficio –como jardinería, bisutería, electricidad, etcétera–, sino que reciben clases dentro de las aulas. Funciona como un bachillerato, pero adaptado a las necesidades de las personas con discapacidad.
José Daniel –de 28 años de edad y con retardo mental– tiene 3 años en la institución especial y, hasta finales de 2012, aprendía las técnicas de la bisutería. Eva Contreras, su madre, dice que ahora hay incertidumbre: “Nos dijeron que los van a evaluar para que pasen de grados, pero no sabemos cómo serán esas evaluaciones. Por ejemplo, mi hijo nunca aprendió a leer. Lo que sí sabemos es que los alumnos no estarán eternamente en la institución. A los que no avancen, los van a sacar”.
En Caracas también hay institutos que se plegaron a los cambios. El Centro de Atención Integral para Personas con Autismo, localizado en Santa Mónica, ya no se llama así. Ahora se denomina Centro Pedagógico de Diagnóstico, Orientación y Formación para la Diversidad Funcional San Pedro, tal como lo indica el cartel en la puerta.
La institución no atiende exclusivamente a personas con autismo, sino que ahora se dedica al diagnóstico de cualquier discapacidad. Después de las evaluaciones, los niños son remitidos a otros lugares: escuelas regulares o especiales –que se denominarán Escuelas Bolivarianas para la Diversidad Funcional–. Una trabajadora, que prefiere mantenerse en el anonimato, dice que también habrá docentes itinerantes, que atenderán a algunos alumnos en sus casas.

Traslados. El Centro de Rehabilitación del Lenguaje de Catia sigue en funcionamiento. Las nuevas directrices indican que estas sedes dejarán de existir, pues los profesionales trabajarán en los centros de diagnóstico y en las escuelas. Pero si bien esta institución aún atiende niños, ya han hecho traslados de personal.
Una trabajadora señala que desde el año pasado se han ido nueve especialistas. “Les ofrecieron la reubicación y ellos decidieron hacerlo, pues el centro será desmantelado. También empezamos a trasladar a los niños a otras instituciones”, refiere.
Los Centros de Desarrollo Infantil del hospital J. M. de los Ríos y de Colinas de Bello Monte comenzaron el año sin transformaciones, aunque el Ministerio de Educación señaló que estas instituciones se convertirán en simoncitos, en los que atenderán a niños de 0 a 6 años de edad con alguna discapacidad.
Una empleada del CDI del J. M. de los Ríos señala que han hecho reuniones con la zona educativa, pero que hasta ahora siguen con la misma atención: entre otras cosas, determinar si un niño especial puede comenzar en una escuela regular y brindarle apoyo en el proceso.

En contra. La Comisión de Trabajo por la Defensa de la Modalidad de la Educación Especial en Venezuela –formado el año pasado por especialistas– aún tiene dudas sobre la eficiencia de la transformación. Sus integrantes señalan que han recibido denuncias de cierres de centros y exclusión de alumnos en varias regiones del país.
Una integrante del equipo señala que hay muchos vacíos e incertidumbres sobre la nueva política. Por eso, advierte, pueden generarse distintas interpretaciones de la norma.
Indica que, además, los docentes de las escuelas regulares aún no están preparados para la integración de niños especiales –que es una de las ideas de la nueva política–. “Quieren que todos los equipos de especialistas trabajen en un centro. Pero no podemos descuidar a las personas con discapacidad. Estas instituciones que existen son un apoyo a una población vulnerable”, dice.

Revisión
La Comisión de Trabajo por la Defensa de la Modalidad de la Educación Especial en Venezuela considera que no era necesaria una nueva política para atender a esta población. En lugar de eso, señala el grupo, se debió realizar una evaluación del sistema vigente y mejorar sus debilidades. Por ejemplo, reforzar los equipos de especialistas y acercar más los servicios a las comunidades –muchos centros son de difícil acceso–. Para manifestar su preocupación y exigir la suspensión de las transformaciones, la organización entregó 4.009 firmas a la Asamblea Nacional en agosto de 2012. Sin embargo, los cambios siguen en curso. La asociación planifica una reunión próximamente para definir nuevas acciones.

Las cifras
15.000 niños y jóvenes especiales no cuentan con educación, según el censo de la Misión José Gregorio Hernández –datos publicados por el Ministerio de Educación en 2012–.
600 aulas de educación especial se construirán en 2013, dijo la ministra Maryann Hanson, según reseña de AVN.