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Determinaron características de transmisión de malaria

Las condiciones de vida de los mineros son aliadas de la epidemia / Francesca Commissari

En las comunidades indígenas se dificulta seguir el tratamiento / Francesca Commissari

Un proyecto para controlar la enfermedad en grupos indígenas de Bolívar recibió reconocimiento del PNUD

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Algunas comunidades indígenas pensaban que con solo cerrar la puerta de la casa podían evitar la picada del mosquito de la malaria. Esa es una de las anécdotas que cuenta la bióloga Mariapía Bevilacqua, presidente de la Asociación Venezolana para la Conservación de Áreas Naturales e integrante del equipo de investigadores de EcoSalud.

Bevilacqua lidera el Proyecto Wesoichay, (que quiere decir malaria en yekuana), programa que comenzó en 2005 y que ha permitido crear un modelo de control que puede ser replicable en pueblos indígenas de lugares poco accesibles.

La iniciativa recibió una mención de honor en el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo sobre conocimientos y buenas prácticas en el control de la malaria en poblaciones indígenas remotas.

Las comunidades indígenas objeto del estudio se encuentran en zonas de la cuenca del Caura, a donde se llega después de dos a cinco horas de navegación en curiara.

Uno de los logros fue la creación de un mapa de riesgo de malaria, que mejora la vigilancia epidemiológica, y la instalación de tres centros de telemedicina con acceso a Internet satelital.

Comportamiento diferente. En la investigación encontraron, por ejemplo, que el comportamiento del mosquito es diferente al de otras zonas endémicas. En este caso, el zancudo pica y va a reposar fuera de la vivienda y no entra en contacto con el insecticida en caso de que se haya hecho un rociamiento. Asimismo, se encontró que el mosquito no sólo pica toda la noche, sino también al final de la tarde y al principio de la mañana.

Al igual que en otras partes del estado Bolívar, la malaria está asociada a la actividad económica en áreas de riesgo. Básicamente ataca a adultos entre 28 y 40 años de edad. “Sin embargo, en los últimos años encontramos que la infección en niños está aumentando. El adulto regresa a casa con el parásito en sangre y ocurre la trasmisión en el hogar”.

Un problema importante es la falta de adherencia al tratamiento. La mayoría de los grupos indígenas no cumple la terapia en forma rigurosa y completa, muchas veces porque tiene que movilizarse fuera de la comunidad o del lugar donde se encuentra el ambulatorio.

“Si no hay una adherencia completa al tratamiento, por más que se apliquen otras medidas de prevención o control de la enfermedad, el parásito se encuentra en sangre y está latente la posibilidad de infectar a otros”. La investigadora refiere que entre los logros del proyecto está el haber logrado que se anotara en los registros de pacientes la data indígena, incluyendo el grupo étnico.

Mosquitero a medida

Mosquiteros impregnados de insecticida, que se adapten al diseño de los chinchorros o hamacas donde duerme el núcleo familiar, pueden ayudar a reducir la malaria en las poblaciones indígenas.

La investigadora Mariapía Bevilacqua propone que se suministre a los indígenas la tela impregnada de insecticida y que sean ellos mismos los que fabriquen los  mosquiteros que cubran las hamacas hasta el piso. Recomienda que sean elaborados por cooperativas indígenas y se puedan vender a precios módicos en el sur del país.

“Los actuales mosquiteros no se adaptan a los chinchorros ni tienen las dimensiones adecuadas. Fabricar mosquiteros permitirá generar economía local, pondrá a circular recursos económicos y actividad alternativa, al tiempo que resuelve un problema de salud”, dijo.