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Casas de Altagracia se desmoronan ante ojos de las autoridades

Varias casas de Altagracia han sido modificadas con construcciones adicionales sobre sus techos / Francesca Commissari

Varias casas de Altagracia han sido modificadas con construcciones adicionales sobre sus techos / Francesca Commissari

Especialistas creen que el Estado debe proteger el patrimonio. Los vecinos claman por créditos que les permitan reconstruir sus viviendas en una parroquia histórica

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Edyuli Prado lleva siete años buscando ayuda para reparar su vivienda. Vive en Altagracia, de Aurora a Doctor González, y durante todo este tiempo dice haber visitado las oficinas de Fundapatrimonio, la Alcaldía Libertador, el Gobierno del Distrito Capital, e incluso Miraflores, para exponer el peligro en el que vive, sin que, hasta los momentos, reciba respuesta.

La parte delantera de la vivienda donde Prado reside no tiene techo. Antes, el espacio estaba destinado a una sala para recibir a las visitas. Ahora hay un hueco enorme que revela el cielo de Caracas, pero también la vulnerabilidad a la que está sometida la familia.

Prado explica que todo comenzó cuando sus vecinos construyeron un piso adicional sobre una edificación antigua y deteriorada, y, además, sin canales adecuados para drenar el agua de la lluvia; la pared empezó a filtrarse y terminó por desmoronar el techo de su vivienda.

A esta mujer desempleada, embarazada de seis meses y medio, y también madre de un niño de dos años de edad, poco le importa el valor patrimonial o histórico de la casa donde vive desde que nació. Su preocupación inminente, su urgencia, es conseguir un crédito para comprar los materiales que le permita colocar un nuevo techo en su hogar.

"Cada vez que llueve es una zozobra", comenta -mientras su hijo Moisés corretea alrededor, inocente de vivir bajo una vivienda que se desmorona-. "Estamos resignados. Aquí han venido arquitectos y han revisado la casa de punta a punta. Tengo cuatro informes de Miraflores, y de allá vino un ingeniero que me recomendó que tumbara toda la casa. Yo no sé si entendí bien, pero hasta en Fundapatrimonio se negaron a ayudarme, a menos que permita la expropiación de la vivienda", relata.

Indolencia. Vladimir Dugarte, de 22 años de edad, es el vecino de Prado. Descarta que la construcción de una terraza sobre su vivienda haya ocasionado el derrumbe del techo contiguo. "Aquí un camión se llevó la ventana de mi casa y nadie hizo nada. En esta casa había una platabanda, así que es suficientemente fuerte para resistir un piso adicional. Lo que sucedió es que se tapó un canal, y eso hizo que se filtrara la pared y se cayera el techo. Yo no tengo discordia con mis vecinos, sólo que los papeles para reparar la vivienda los tenía mi papá y él se murió. La verdad es que uno está luchando por la comida y el trabajo. Sólo soy un moto taxista", explicó.

Dugarte se exime de responsabilidades. Tampoco le quita el sueño el tema de la conservación patrimonial. Argumenta que en la esquina de su calle había una casa antigua que fue convertida en tienda de repuestos automovilísticos y nadie reclamó por ello: "Ellos tienen hasta ascensores allí dentro y nadie dice nada".

El caso de Dugarte no es el único. Varias casas de Altagracia han sido modificadas con construcciones adicionales sobre sus techos. Paredes endebles, sombrillas y hasta antenas de televisión se observan también en la calle Oeste 9- Gobernador.

Iris Rangel, directora de la Asociación civil para el Rescate Histórico de Venezuela, lamenta que su voz es un hilo inaudible para las autoridades y que sus advertencias pasan inadvertidas incluso en la comunidad, en la que ignoran o relativizan el peso histórico de la parroquia. Sin embargo, insiste en pedirles a las instituciones que hagan algo para detener la destrucción de las casas patrimoniales: "Estas viviendas deben ser recuperadas, reconstruidas y restauradas. Además de ser aprovechadas cultural y turísticamente. Es hora de que las autoridades tomen en serio el rescate histórico de la ciudad".

Responsabilidades compartidas. El arquitecto Leopoldo Provenzali, quien presidió el Instituto de Patrimonio Cultural en 2000 y fue Secretario de Planificación Urbana del Distrito Metropolitano en 2001, explicó que existen disposiciones municipales y nacionales para defender y proteger el patrimonio edificado en Altagracia, así como las hay para La Pastora.En teoría existe un inventario a nivel nacional del patrimonio cultural existente. Si una vivienda califica como tal, sus propietarios deben estar comprometidos con su mantenimiento. Sin embargo, Provenzali aclara que el artículo segundo de la Ley de Patrimonio contempla que existe una responsabilidad compartida entre la ciudadanía y el Estado en la protección de ese bien.Añade que antes, en 1995, el Consejo Nacional de la Vivienda preveía programas de mantenimiento de viviendas, para conservar bienes históricos tradicionales. Provenzali asume que estos planes fueron desmantelados: "Están desiertos, desactualizados o inactivos"