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Caracas vivió la resaca electoral

Avenida Baralt en Caracas

Avenida Baralt en Caracas

Las avenidas vacías mostraron una ciudad que se trasnochó, a la espera del resultado de los comicios

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La ciudad se despertó tarde. A diferencia de cualquier lunes, cuando largas colas de vehículos congestionan las principales vías de la capital o los usuarios del Metro tienen que esperar varios minutos para poder subir a un vagón, el inicio de esta semana, posterior a las elecciones presidenciales, empezó lentamente.

No faltó quien se sintiera distendido, como un domingo cualquiera, o quien admitiera estar mareado y aturdido, como se viven los días decembrinos, con algo de resaca. Y es que después de la inédita jornada de participación electoral de ayer, donde 80,9% de los electores inscritos acudió a las urnas, el caraqueño decidió asumir la semana con moderación y salió a la calle con cierta cautela.

A primeras horas de la mañana las autopistas Francisco Fajardo y Valle-Coche, las avenidas Francisco de Miranda, Bolívar, Baralt, Urdaneta, Sucre, las calles del centro de Caracas y hasta el distribuidor La Araña estaban libres de vehículos. Con el transcurrir de las horas, el asfalto fue recibiendo más carros y las aceras más transeúntes, que fueron incorporándose a la rutina.

Recorrer en vehículo desde Los Cortijos hasta Los Flores de Catia, pasando por el centro de la ciudad; ir a El Valle, Los Próceres, Santa Mónica, Los Chaguaramos, Bello Monte, Las Mercedes, El Rosal, Chacaíto y Chacao, es una ruta imposible de transitar en sólo una mañana cualquier día, pero ayer se hacía en menos de dos horas.

En casi toda la ruta el paisaje se repetía: comerciantes que levantaban las santamarías mientras avanzaba la mañana, ciudadanos que salían a la calle en la medida que calentaba el sol, y muy pocos vehículos.

Omar Vegas demora usualmente hora y media en llegar a su trabajo. Sale de la urbanización Paulo VI a las 6:00 am y llega a Los Cortijos a las 7:30 am. Ayer hizo el mismo trayecto en 20 minutos. “La redoma de Petare tenía poca gente esta mañana”, dijo Vegas. Sin embargo, horas después, los vendedores informales ocupaban sus puestos de trabajo y el bullicio cotidiano regresaba.

Eso lo comprobó María Isabel González, del diario La República de Perú, que vino a Caracas a cubrir las elecciones. Al mediodía visitó Petare y se mostró un tanto sorprendida al ver el movimiento comercial de la zona.

Ciudad en calma

Tranquila” fue el adjetivo que más repetían los entrevistados cuando se les preguntó su percepción sobre la ciudad postelectoral.

A las 11:05 am había pocos transeúntes por los alrededores de la Asamblea Nacional y del Palacio de Miraflores. Las puertas del Ministerio de Relaciones Exteriores, Vicepresidencia, Ipostel y Ministerio de Finanzas estaban abiertas. Sobre el puente Llaguno, transitaban tres jóvenes con radios transistores. Frente al balcón del pueblo, además de los funcionarios de la Guardia de Honor, un hombre con escoba y manguera en mano limpiaba la calle.

Ningún vestigio de los cientos de seguidores del candidato presidente Hugo Chávez, que se reunieron allí la noche anterior, incluso antes de la emisión oficial de los resultados electorales, para celebrar el triunfo.

Trabajo y compras como terapia

El centro comercial Sambil no escapó a la resaca. Al mediodía, las tiendas estaban abiertas, pero no había compradores. Yubirí Sebastián y su esposo, Gyovanni Caldera, recorrían los pasillos. Ambos son odontólogos y tienen su propio consultorio. Por eso resolvieron tomarse el día libre y hacer diligencias con su bebé de año y medio de nacido. “No tiene sentido encerrarse en la casa a llorar”, dijo Sebastián. Considera que la vida sigue y que a todos aquellos que no compartían el proyecto político de Hugo Chávez y no tenían recursos para irse del país no les quedaba otra opción que continuar y hacerlo de la mejor manera posible. “Quienes estamos acá, debemos seguir”, dijo.

Trabajar, independientemente de los resultados electorales, fue la decisión que tomó Sergio Olivera, quien reside en Las Minas de Baruta. “Pasara lo que pasara yo iba a trabajar”, contó Olivera, quien tiene un local de venta de equipos de computación. Igual hicieron Jesús Díaz, vendedor de repuestos automovilísticos; Ángela Matute, con una tienda de ropa en El Silencio; Antonio Pereira, dueño de una panadería en el centro; Julio Díaz, vendedor de tizanas en Catia, y Joanna González, encargada de la tienda Aldo del Sambil.