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Caracas debe desenterrar sus quebradas

Río Guaire, Caracas | Foto: Raúl Romero

Río Guaire, Caracas | Foto: Raúl Romero

Se requieren más de 100 presas en el Ávila para proteger la capital de deslaves torrenciales

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La idea de que las más de 20 quebradas que bajan del Ávila y el río Guaire se conviertan en parques o sean paseos arbolados que contribuyan a la movilidad de la ciudad fue el principal motivo de los expositores presentes en el foro Caracas y un río de posibilidades, organizado dentro del marco del 60° aniversario de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad Central de Venezuela, que se celebró ayer en el Instituto de Estudios Superiores de Administración.

El anhelo está revestido de la conveniencia y la urgencia de que los cursos de agua dejen de ser el patio de atrás de la ciudad. José Luis López, director del Instituto de Mecánica de Fluidos de la UCV, señaló las complejidades de la problemática hidráulica de Caracas. Enormes peñones depositados en urbanizaciones como Altamira, Boleíta o el Parque Generalísimo Francisco de Miranda, donde se han incorporado a las áreas de recreación, son muestra de que el Ávila es una fuente de deslaves, quizás muchos más destructores que los que afectaron a Vargas. La contracción del cauce del Guaire en varios segmentos, como en Las Mercedes, que de 28 metros de ancho se reduce a 18 metros, aumenta las posibilidades de inundación. Además de la contaminación, el embaulamiento de las quebradas también representa una amenaza para la ciudad.

“Se embauló para huirle a los malos olores, para apartar el peligro, pero el riesgo aumentó porque los cajones se quedaron pequeños para el crecimiento de la ciudad y en muchos tramos no se puede ver si hay sedimentación o fracturas”, dijo López.

El ingeniero señala que es necesario desenterrar las quebradas que pasan por debajo de urbanizaciones y grandes redes de servicios, y en los tramos que se pueda dejar canales abiertos. López señaló que en el Proyecto Guaire cabe esta posibilidad, pero en su opinión fue un error convertirlo en un proyecto de corto plazo. En 2005 empezaron las obras y es poco lo que se ha avanzado. Apenas 20 cuencas han sido estudiadas, se construyó una planta de tratamiento y sólo se han hecho 6 presas de retención de sedimentos en el Ávila, para proteger la ciudad de deslaves, de las 100 que el ingeniero calcula que se requieren. “Deben despejarse los bordes y construir áreas inundables, que sirvan de espacio público y que los edificios empiecen a dar la cara hacia las quebradas”.

De Medellín a Bagdad. En el foro participaron arquitectos españoles y colombianos, que presentaron experiencias de recuperación de ciudades como Córdoba, Bagdad, Medellín y Madrid en torno a sus ríos.

Los arquitectos Manuel Delgado y Carlos Betancourt, ganadores del concurso de ideas para La Carlota, señalaron que con lo que se haga en ese terreno despejado de 108 hectáreas se juega el futuro de la ciudad. Betancourt mostró las similitudes de la ciudad colombiana de Medellín con Caracas y cómo una transformación urbana puede ser empujada por un cambio cultural. La capital de Antioquia no ha logrado sanear el río que la atraviesa, pero sí ha comenzado a cambiar el significado que tiene para los ciudadanos.

A través de campañas se comenzó a sensibilizar sobre el asunto. En opinión del arquitecto colombiano, es necesario promover la cultura ciudadana que debe ser también la del paisaje, que promueva la conexión de la gente con el entorno, dentro de la  lógica de un ecosistema.

El arquitecto español Pedro García del Barrio señaló las oportunidades de Caracas desde las experiencias de Córdoba, cruzada por el Guadalquivir y varias quebradas y de la capital iraquí Bagdad, un archipiélago de ciudades levantadas alrededor de un sinuoso cauce. “Caracas vive muy ensimismada. No se habla de ella como parte de un borde costero. Esta ciudad necesita asumir su liderazgo en el Caribe”.

García del Barrio sugirió la posibilidad de que quebradas de la capital sean parte de un sistema de “movilidad del sosiego”. Con una imagen de un mapa de las quebradas caraqueñas esquematizado como las líneas del Metro mostró el potencial de convertirlas en corredores.

Ginés Garrido, quien participó en el diseño del Parque Madrid Río, inaugurado en 2011, relató la cadena de entuertos que guió la costosa y polémica construcción de ese espacio levantado sobre un tramo de autopista M-30, que se enterró con túneles, y que dio valor al tímido río Manzanares como lugar de encuentro. De la experiencia destaca la necesidad de que las hojas de ruta o planes de desarrollo de las ciudades sean flexibles y estén atentas a las oportunidades. Este parque surgió de esa manera, a raíz de la obra de los túneles. Asimismo, destacó la importancia de que los ciudadanos estén informados y conectados con la transformación urbana.

Nuevos parques

Si bien Caracas tiene 3.563 hectáreas de parque decretadas, sólo 10% de esas áreas están acondicionadas. Esta omisión condena a cada caraqueño a una ínfima disposición de apenas 1,1 metros de área verde para su disfrute. María Mercedes Hernández, vicepresidente de la Sociedad Venezolana de Arquitectos Paisajistas, presentó las posibilidades de revertir ese déficit que han abierto más de 37 intervenciones urbanas realizadas en barrios y urbanizaciones del municipio Sucre. Más allá de los grandes parques metropolitanos que requiere Caracas, propuestos en la Plan 2020 de la Alcaldía Metropolitana, como La Carlota o el eje Vizcaya-El Encantado, Hernández habló de los “parques pixelados”, una combinación de mobiliario urbano e intervención artística que ha llevado la ciudad a los barrios en casos como el parque Las Semillitas en José Félix Ribas y el bulevar de El Carmen en Unión.