• Caracas (Venezuela)

Gran Caracas

Al instante

Una ortopedia para la calle

Alrededor del Hospital Ortopédico Infantil, en la avenida Andrés Bello, existe indolencia hacia los usuarios de este servicio médico, lugar icónico de Caracas

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Toda la ciudad debería ofrecer facilidades de accesibilidad peatonal, pero alrededor de los centros de salud la calle debería extremar esas marcas de “hospitalidad”, máxime cuando se trata de hospitales para niños o especializados en discapacidades que limitan la movilidad. Esas facilidades deberían ser tenidas como políticas públicas, formar parte de un “protocolo de ciudad”, tanto en entornos hospitalarios (públicos, de beneficencia o privados) como en contextos de escuelas, parques y otros lugares de interés público.

La calidad de la calle alrededor del Hospital Ortopédico Infantil deja mucho que desear. Su área de accesibilidad inmediata y el cruce peatonal frente a su puerta principal no ofrecen ninguna garantía a un peatón normal, mucho menos a una persona con movilidad reducida. Y aunque ese paso peatonal ha sido “rediseñado” en más de una ocasión en los últimos años, los criterios usados atienden más a permitir o reprimir los usos de autos y motos que a privilegiar a la cantidad de personas en muletas o sillas de ruedas que diariamente transitan por allí.

Para limitar el abuso de los motorizados en la utilización del paso peatonal (lo tienen como alternativa de giro en U, igual que en todos los pasos peatonales desde la Hermandad Gallega hasta el hospital), se ha reducido su área de tal manera que se dificulta pasar con una silla de rueda. Además, al tratarse de un semáforo que no está colocado en una intersección, los conductores tienden a no detenerse con la luz roja, lo que genera situaciones incómodas y peligrosas.

A pesar de ese problema, el contexto del Ortopédico (creado en 1945, anterior a la avenida Andrés Bello, de 1949), es favorable para ensayar en su entorno una experiencia que priorice de manera categórica la accesibilidad peatonal. Salvo la avenida Andrés Bello, la mayoría de calles que circundan el hospital son de servicio o de escaso tránsito automotor, y entre estas la calle San Julián de Santa Rosa, que comunica con la estación del Metro Colegio de Ingenieros, toma particular relevancia.

El potencial de peatonalización de esta calle es tan evidente que vecinos, comerciantes y usuarios ya la utilizan como tal, pero siempre bajo la presión de algunos conductores. Hay kioscos, comederos que sacan mesas, vendedores de frutas, hortalizas y pescados. La gente camina por la calzada, se ensayan jardines en las aceras. Sería relativamente fácil prolongarla a ras de calle hasta conectar con el parque Los Caobos y los espacios culturales y religiosos entre Quebrada Honda y Bellas Artes. Bastaría asumir que allí la avenida Libertador pierde ese carácter de autopista de su trinchera, y por tanto debería tener semáforos. La construcción de viviendas que se realiza en el barrio Santa Rosa y Quebrada Honda ameritaría un gesto de este tipo.

La calle San Julián peatonalizada tendría un efecto inmediato sobre el paso peatonal frente al hospital, cuya opción radical sería que el paso peatonal fuese una prolongación a nivel de la acera sobre ese segmento de la avenida, o al menos la colocación de reductores que mantengan una velocidad cónsona con el enorme flujo peatonal que a toda hora la atraviesa.

También bordean el Ortopédico la Quinta Transversal de Guaicaipuro (donde hay un Simoncito) y la calle ciega que da acceso a la Escuela Comunitaria Luisa Goiticoa y a un estacionamiento público. Aquí es urgente una intervención que despeje la vía de tantos vehículos estacionados y amplíe el espacio del peatón para acceder a la escuela y al hospital.

Una generosa ampliación de las aceras en la Quinta Transversal rescataría un espacio de ciudad al que ahora le da la espalda el propio Ortopédico (esa fachada es un frente ciego) y que es un lugar con gran potencial patrimonial (galpones industriales y caserones de principios del siglo XX).

Ampliando un poco el contexto hay que destacar la presencia de otros lugares y edificaciones públicas (plaza Andrés Bello, parque Arístides Rojas, bulevar Amador Bendayán, parque Los Caobos, sedes de Cantv y del Ministerio de Alimentación) que deberían formar parte de ese mismo criterio de ampliación del espacio peatonal y de accesibilidad incluyente.

Caracas tiene oportunidades para transformaciones puntuales, que permitirían en principio un rediseño en torno a lugares sensibles como escuelas, hospitales y parques que deberían voltear la tortilla, y resaltar la norma que prioriza la peatonalidad (sobre todo pensando en niños, personas mayores y con movilidad reducida). Esto significaría un cambio radical en la manera de moverse, estar e interactuar en Caracas.