• Caracas (Venezuela)

Gran Caracas

Al instante

Camurí Grande decidió dejar de ser damnificado

135 niños de Camurí Grande forman parte del Núcleo Orquestal Coral Naiguatá, que funciona en el centro comunitario | Leonardo Noguera

135 niños de Camurí Grande forman parte del Núcleo Orquestal Coral Naiguatá, que funciona en el centro comunitario | Leonardo Noguera

Un preescolar, un núcleo del Sistema Nacional de Orquestas Juveniles e Infantiles y un servicio médico figuran entre los logros. El Club Camurí Grande, las residencias Oceanía y la USB dan apoyo

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

La fuerza de un río desbocado enseñó a los pobladores de Camurí Grande, en el estado Vargas, el valor del trabajo mancomunado. El deslave de 1999 arrasó casas, clubes de playa, centros estudiantiles y el templo, pero la devastación fue el aliciente para la unión de los habitantes, de los propietarios de las residencias vacacionales Oceanía, del Club Camurí Grande y de los alumnos, docentes y trabajadores de la Universidad Simón Bolívar. Entre todos limpiaron y recuperaron cada sector del pueblo, enclavado en el este del litoral central.

Una casita localizada a la orilla de la carretera nacional era el centro de operaciones para las tareas de todos aquellos que transformaron la vivencia en una fraternidad, que acuñó el nombre de Asociación Civil Comunidad Camurí Grande.

“Toda nuestra historia empieza en abril de 2000, como una respuesta en positivo al deslave. Todos éramos damnificados. Entendimos que teníamos que reactivarnos para rescatar la zona. Hicimos un censo para conocer las necesidades y saber cuántos eran los afectados”, afirma Verónica de Guruceaga, directora general de la asociación.

La ingeniera recuerda que con la colaboración de empresas privadas y ONG lograron abrir un modesto consultorio, el preescolar Camurí Grande y un centro de comunicaciones y de capacitación tecnológica. La primera donación fue de 600 bicicletas, que facilitaron la movilización de los residentes.

La comunidad vio los frutos de su esfuerzo de cinco años, hasta que otra vaguada desbordó el río y arrasó todo, otra vez, en 2005.

Esa segunda tragedia los motivó a exigir al Gobierno nacional la canalización inmediata del río Camurí y a prepararse para vivir en zona de riesgo. En un año, las obras estaban terminadas y el centro había ganado otra casa, que es la sede definitiva del preescolar del que han egresado más de 400 niños.

En 12 años de trabajo, la asociación constituyó alianzas para capacitar a la comunidad en varios oficios. También instalaron servicios permanentes de odontología, oftalmología, traumatología, pediatría y ginecología, una librería, una óptica y un centro de pago de servicios, que le ahorra a los residentes el viaje hasta Naiguatá. Todo es autosustentable.

Rosalinda García, miembro del Consejo Comunal La Esperanza, destaca que la asociación fue una bendición para la comunidad.

“Próximamente tendremos un club de abuelos, una cinemateca para los niños y poco a poco motivamos a la gente a que se anime a acudir a las consultas médicas”, expresó.

Música que motiva. Hace 4 años, el Sistema Nacional de Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela instaló el Núcleo Orquestal Coral Naiguatá, en una de las tres casas del centro comunitario. Nació así la primera orquesta típica, que servirá de piloto para la formación de agrupaciones similares en todo el país. Cerca de 135 niños y adolescentes reciben clases de música, lo que suma la actividad al trabajo mancomunado.

“Cuando llegó la orquesta se acabó el tiempo de ocio para los niños. Sé que aquí están tranquilos y en buenas manos”, señaló Damelys Inojosa, madre de dos niñas integrantes del sistema.

TESTIMONIOS

María Magnolia Claudeville, coordinadora USB

“La comunidad nos dio fuerzas para reabrir el Núcleo del Litoral. Ellos abordaron al Presidente, para pedirle que los ayudara a que regresara la universidad”

Ediany Breñose, miembro del centro

“Me gusta mucho el centro comunitario por el Proyecto Osito. Nosotros aprendemos y les enseñamos de la cultura a niños de Nueva York. También estoy en la orquesta”.

Ositos viajeros

En 2012, dos osos sirvieron como símbolo del intercambio promovido por la Federación Internacional de Centros Comunitarios del que la Asociación Civil Comunidad Camurí Grande forma parte.

El Proyecto Teddy Bear, bautizado en español como Proyecto Osito, puso al peluche estadounidense, César, en Camurí Grande y a su par venezolano, Bobby, en un centro de Nueva York. Los niños son los encargados de enseñarle la cultura y el idioma de cada país.

“Nos lo llevamos para la casa, comemos arepas, vamos a la playa, le enseñamos todo lo que hacemos aquí y, luego, ponemos las fotos en Facebook y las enviamos por correo electrónico”, explica Brian Chacón, de 12 años de edad.