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Campamento para sembrar compromisos

Por segundo año consecutivo, 50 estudiantes de la UCAB participaron en el campamento jesuita "Un Compromiso por la Vida" | Leonardo Noguera

Por segundo año consecutivo, 50 estudiantes de la UCAB participaron en el campamento jesuita "Un Compromiso por la Vida" | Leonardo Noguera

Voluntarios de la UCAB se instalaron en La Vega en Semana Santa

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En Semana Santa, Jesucristo visitó La Vega con rostro juvenil. Por segundo año consecutivo, 50 estudiantes de la Universidad Católica Andrés Bello se instalaron en el colegio Andy Aparicio, del sector Las Casitas, para participar del campamento jesuita Un Compromiso por la Vida, cuyo objetivo es fortalecer el voluntariado de la universidad con las comunidades más cercanas. Es una experiencia novedosa, aunque los jesuitas lleven 30 años trabajando en esa zona.

Johnny Veramendi, sacerdote de la parroquia eclesiástica San Alberto Hurtado, informó que la idea de que los estudiantes se volcaran al servicio comunitario en la Semana Mayor surgió hace 14 años, pero la iniciativa se desarrollaba anteriormente en Pavia, estado Lara, donde la Compañía de Jesús mantiene un grupo de noviciado.

Hace dos años, una vez que José Virtuoso fue nombrado rector de la UCAB, repensaron los objetivos del programa y concluyeron que sería más provechoso que los jóvenes acudieran a comunidades de Caracas donde la universidad mantiene un trabajo permanente todo el año.

De esta forma, sectores de La Vega como La Isla, La J, la calle Bolívar, Las Torres, Ayacucho, Las Casitas, Araguaney y El Encanto recibieron el saludo y las bendiciones de los jóvenes, que –acompañados por el padre Veramendi y escolares jesuitas– leyeron pasajes de la Biblia y conversaron con las familias que quisieron recibirlos.

Transformar corazones. Antes de vivir en la parte alta de La Vega, Veramendi trabajó en Guasdualito, estado Apure, donde atendió la parroquia Nuestra Señora del Carmen por cinco años. A pesar de la amenaza silente que significa vivir en un estado fronterizo, Veramendi cree que la ciudad capital es más peligrosa. Asegura que las características de Caracas: las colas, los problemas con el transporte y la celeridad de la vida dificultan el encuentro entre los vecinos. Sin embargo, aclara que, como jesuita, se concentra en los aspectos positivos y en la tenacidad de la gente honesta que vive dentro de la comunidad y lucha por salir adelante. Ese es el mensaje que se empeña en transmitir al grupo.

Indira Berroterán, coordinadora del campamento, sabe que una semana de trabajo intensivo de los estudiantes en la comunidad no será suficiente para cambiar la dura realidad social que muchas veces allí viven, pero confía en que esa presencia sirva como un testimonio dirigido a otros jóvenes, para que vean las posibilidades de estudio y desarrollo que ofrece la universidad.

"Queremos que la comunidad venga al colegio, participe de las actividades recreativas que organizamos para ellos, se incorporen, compartan y abandonen los prejuicios que puedan tener frente al otro", explica Berroterán.

La educadora y encargada de la Pastoral del voluntariado de la UCAB enfatiza que en estos momentos que vive Venezuela, cuando fácilmente se ve al otro como un enemigo, es vital que los jóvenes se reconozcan mutuamente como seres humanos y unan esos ideales en la construcción de un país.

"Se trata de acercarlos al encuentro con ellos mismos y a la realidad de su entorno, para que vean que detrás de esas fachadas deprimidas económicamente hay gente valiosa y honrada que tiene logros en sus hogares", agrega.
Descubriendo realidades. Paula Rivas estudia tercer año de Derecho en la UCAB. Dejó de viajar a Aruba con su familia para asistir al campamento en La Vega. El Martes Santo estuvo en el sector Las Torres y allí, junto con sus compañeros, tocó la puerta de varias casas para decir a los vecinos que era católica y que quería dejar un mensaje.

Vive en Altamira y confiesa, con algo de timidez, que nunca antes había estado en un barrio. Desde esa altura, donde las casas se construyen al lado de las torres de electricidad y se observa a lo lejos el Hipódromo La Rinconada, Rivas contó que en su primer recorrido sintió temor, pero luego, cuando entró en las casas, sintió un cariño que no había experimentado.

"Todo esto me era ajeno y me puse tan nerviosa que me confundí al rezar. Después, cuando me acerqué y me ofrecieron refresco, que era la bebida de su almuerzo, me puse a llorar y los abracé. Creo que no debemos juzgar y pensar que en el barrio viven únicamente malandros", relató.

Planificación. Los contenidos del programa no se dejan al azar. De hecho, el campamento está organizado por equipos en las áreas de formación, liturgia y logística. Las actividades comienzan el Viernes de Concilio, en un retiro en la Casa de la Consolación, ubicada en el kilómetro 23 de El Junquito, donde el grupo pasa todo un día meditando antes de reunirse con la comunidad; y el sábado se dirigen a Las Casitas, al colegio Andy Aparicio de Fe y Alegría, para pasar allí toda la Semana Santa.

Las actividades comienzan con la oración, a las 6:30 am. Luego de desayunar, tienen un momento formativo en el que discuten temas de la actualidad. Después, visitan sectores de la parroquia durante tres horas. Regresan para almorzar y planificar las actividades recreativas de la tarde, las desarrollan con los jóvenes de la comunidad y, posteriormente, hacen una celebración litúrgica. Cenan, disfrutan de otra actividad especial como la proyección de una película y, por último, realizan un "círculo magis" –en el que discuten las experiencias del día– que para la familia ignaciana significa Compromiso y Excelencia.