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Caminar por Los Rosales, una rica diversidad homogénea

La mezcla de usos, la vegetación, la diversidad de tipologías arquitectónicas y un par de centros que son referencia cultural de Caracasmarcan el recorrido

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Es fácil percatarse en Los Rosales de la armonía de su tipología arquitectónica y de su perfil urbano: edificios de poca altura con comercios en planta baja, casas de dos plantas, retiros generosos y diversidad de usos que fomentan la vida callejera. Esta trama, semejante y amable, se extiende también a través de Las Acacias, Prado de María, El Cementerio, Valle Abajo, Los Chaguaramos y parte de Santa Mónica y Colinas de Bello Monte, para constituir un área de Caracas con una identidad particular, que se repite en zonas como La Carlota y Campo Claro. 

En ese contexto es agradable caminar, y más a esa altura de la avenida Roosevelt, donde los árboles forman un túnel vegetal y hay varias terrazas para sentarse, entre ellas la del emblemático Cubanito. Sin embargo, cruzar la avenida resulta engorroso, en parte porque los pasos peatonales no coinciden con las esquinas y son estrechos, no hay semáforos en un largo trecho y nada regula la velocidad de los vehículos como no sea las trancas que ellos mismos generan. 

El desarrollo de la Misión Vivienda en este punto guarda concordancia con el entorno y, de no ser por los dimes y diretes, podría parecer que hubiesen estado allí desde siempre. A lo externo son pocas las diferencias constructivas: la obra limpia contrasta con los elementos decorativos de los edificios tradicionales y hay menos generosidad en pasillos y áreas comunes internas. "Lo social" de esos edificios es difícil de percibir a simple vista, lo cierto es que en la calle no se siente tensión entre vecinos nuevos y viejos. Contrastan, sí, algunos detalles: edificios enrejados del lado tradicional mientras que del nuevo no, un camión que lava las aceras del nuevo conjunto y se olvida del resto. Y esa constante de la Misión Vivienda de ocupar aceras a lo macho, en un flagrante abuso de poder. 

Adentrándose hacia Los Rosales unas garitas marcan frontera en un par de calles ciegas de Valle Abajo. Pero parece no importar, porque el encanto y la vitalidad están del lado de la avenida Zuloaga, que reúne instituciones culturales, educativas y un atractivo contexto arquitectónico. Persiste la idea de búnker residencial obsesiva y rentable, tanto así que los promotores inmobiliarios de un conjunto de edificios (Hacienda Humboldt), que rompe abusivamente con la tipología de la zona, prefieren incluirlo en Valle Abajo, a pesar de estar en Los Rosales. 

Los jardines del Centro de la Diversidad Cultural, varias ceibas frondosas, la atractiva sede de la Camerata de Caracas, el constante revoloteo de estudiantes, el escaso tránsito automotor hacen pensar que la avenida Zuloaga pudiera ser un paseo peatonal que articula varios espacios de la zona (a pocas cuadras está un terminal de pasajeros y no es descabellado pensar el lugar como oferta al turismo local). Hoy esa articulación no existe (salvo en los pies y la mente de quienes le encontramos ese encanto), no se ve relación alguna de los estudiantes con ese entorno cultural, pero las potencialidades de la Zuloaga están ahí, no en balde fue un sitio predilecto de la aristocracia caraqueña. 

De casas y edificios

Si algo da identidad a Los Rosales es su arquitectura. En la avenida Roosevelt hay edificios de las décadas de los cuarenta a sesenta, con llamativos elementos decorativos y amplios retiros abiertos, que por desgracia cada día se enrejan más. 

En las calles aledañas una serie de casas aún conservan algo de su arquitectura original, muestran diferentes estilos de principios del siglo XX (art decó, neovasco, neocolonial), hilvanan una trama cuyo mejor momento está frente al liceo Urbaneja Achelpohl. Entre ellas están las quintas Margary y Annabella, cerca de la estación La Bandera. Muchas han sido canibalizadas o desfiguradas por los recubrimientos y han perdido su encanto, pero sin duda son las grandes villas solariegas lo que resalta y le da un carácter particular a la avenida Zuloaga. 

Sus amplios y espaciosos jardines, su arquitectura señorial y ampulosa dan un aire de amplitud al espacio urbano. Por suerte son sedes de instituciones culturales y se puede acceder a ellas para observarlas.