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Arquitectura y vegetación entre tres esquinas

En los tres vértices y los tres lados de este triángulo, el del inicio expresa bien las bondades de este trayecto: abundante vegetación, singular arquitectura y comida callejera

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El triángulo en medio de una trama urbana suele utilizarse para resolver lotes que quedan constreñidos por una vía o por la topografía. Pero también sirve para, ex profeso, abrir conexiones entre calles y multiplicar puntos de vista (al final, la estrella surge de dividir cuadrados en triángulos). Un poco de esto pasa en Las Mercedes, donde encontramos varios. Uno es el de la plaza Alfredo Sadel. Otro donde está encallado el Tolón. Y el último, al frente, que es el elegido para este recorrido.

Las situaciones espaciales que se crean obligan a resolver de manera singular las esquinas. A veces en forma de quilla, como el Tolón, o cediendo espacio y replegándose como en el caso de esa joya de la arquitectura moderna de Caracas, la dupla Okendo-Elkano. Dos nombres que adelantan lo que es una característica de la zona: la arquitectura vasca. Y si bien este edificio de dos entradas, enmarcadas entre enormes jabillos, tienen líneas más sobrias, están edificios como el Donosti y el Gastizar, que sencillamente hacen inolvidable la calle Orinoco. Edificios singulares ante los que luce tosco y torpe el Tolón.

Este primer tramo, entre lo que era la redoma Nicolás Copérnico, y la esquina precedente a Paseo Las Mercedes, hay muchos árboles, aunque es fácil intuir que hubo muchos más. Muchas veces se eliminan para despejar la fachada de edificios y comercios, y poder tener acceso a los retiros para estacionar vehículos. La presión para estacionar en todas Las Mercedes suele ser alta, y es habitual ver carros estacionados impunemente sobre las aceras. La Orinoco, lamentablemente, no es la excepción.

La avenida principal de Las Mercedes contrasta duramente con el ritmo de la calle Orinoco. En este segmento es bastante intrascendente la arquitectura y uno pasa apurado por el ruido y el polvo de los trabajos del Metro de Caracas, que pone a circular por ahí montón de mezcladoras y camiones. Los dispositivos de publicidad suelen ser derribados, quizá por incómodos transeúntes que sienten que estos invaden el espacio peatonal.

En la última cuadra, tras lo aburrido y asqueante que es caminar por detrás del Tolón (por ahí sacan los desechos del centro comercial), uno se percata del vaciado de árboles que ha habido en la acera. Sobre todo al frente del par de restaurantes allí establecidos. Y es notoria la diferencia de caminar bajo la sombra o bajo el intenso sol, sin importar la forma geométrica de la manzana por la que se anda. Ya aquí lo que se desea es llegar rapidito al punto de partida. Allí puede uno quedarse contemplando vegetación y arquitectura, o ir a tomar un café y una torta bajo la sombra de los árboles en la esquina.


Producción: José Carvajal y Juancho Pinto

Consultados: blog de la Fundación para la Memoria Urbana y Medio Digital (FAU/UCV)