• Caracas (Venezuela)

Gran Caracas

Al instante

El ruido marca la nota de la capital

Tráfico en la autopista Valle-Coche/Francesca Commissari

Tráfico en la autopista Valle-Coche/Francesca Commissari

Durante la semana de los 446 años de Caracas, los ciudadanos piden que cese la contaminación auditiva

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Plena de ruido y melodías. Aunque estos elementos pueden parecer opuestos son los sonidos que marcan el paso de los caraqueños que transitan las calles de la ciudad. Entre el corneteo y el ruido de las motos, pero también entre las risas de los niños en las plazas y el rugido de “¡uuun hiiiit!” desde el estadio Universitario, así suena Caracas.

Una ciudad multisensorial que sobrepasa los 70 decibeles según la ONG Vitalis, aunque la Organización Mundial de la Salud establece como el ruido máximo tolerable los 65 decibeles.  

Diego Díaz, presidente de Vitalis, conceptualiza al ruido como la manifestación viva de la contaminación auditiva. “Normalmente el nivel más apropiado es variable, pero no debería exceder los 30 decibeles, pero en una conversación esto puede aumentar al doble sin que genere inconveniente. Cuando esta medida se supera a los 70 u 80 decibles se puede producir una molestia quizás tolerable, como por ejemplo el ruido de una aspiradora. Pero tan importante es la magnitud de esa emisión como el tiempo que estés expuesto a la misma, ya que puede derivar en todo tipo de trastornos, por ejemplo el estrés, pérdida progresiva de la audición y del sueño”, asegura.

Señala que Caracas, por naturaleza, es una urbe escandalosa. El Ministerio del Ambiente en 2010 realizó una medición en más de 5.000 puntos de la ciudad, que reveló que la principal fuente de contaminación sonora en el país proviene de fuentes móviles, entre ellas las cornetas de los vehículos. Hasta ahora, solo en el municipio Chacao se ha levantado un mapa de medición del ruido.

Pero en el subterráneo también el ruido marca el ritmo. Desde los altavoces del Metro de Caracas se le indica a algunos los usuarios abstenerse de activar dispositivos móviles que, al usar sin audífonos, obliga a otros pasajeros a escuchar la música del otro. Rossana Ortiz, desde la estación Sabana Grande, dice que aunque han bajado los casos, hasta hace poco era una tendencia molesta.

“Suficiente es el estrés y el retraso al que nos expone el Metro, para que encima debamos soportar la música que nos quiera poner otro. Mucho más si se trata de un reguetón que nada se adapta a las horas pico, especialmente en la mañana”, señala Ortiz.


Oasis capitalino. Cansados de la contaminación auditiva, muchos apelan a lugares recreativos como las plazas. Sentada en el suelo, con su espalda reclinada en una de las jardineras de la plaza Bolívar, Eudis Gómez se echó a descansar mientras se dejaba llevar por las campanadas que marcaban las 11:00 de la mañana en la Catedral.

“Sólo busco un momento de paz en medio de una ciudad que necesita poner orden y cesar la anarquía. Si me preguntan a qué suena Caracas, yo respondería que a cornetas y un tránsito insoportable”, afirmó mientras veía pasar a niños de un plan vacacional y a actores con el atuendo propio de una obra de teatro.

“Ojalá y abundaran en Caracas espacios como la plaza Bolívar, que a pesar de su entorno, permite sentarse a disfrutarla”, dijo Gómez, reconciliada con su espacio.

Rumbo al este, la plaza de Los Palos Grandes suena a niños felices. A eso de las 4:00 de la tarde de los sábados y domingos o cualquier día de la temporada vacacional, los padres llevan a sus hijos a disfrutar de un merecido descanso, en el que estimulan otros sentidos como el tacto, a través de la proximidad con otros niños, o el gusto de un rico helado.

Para algunos vecinos de Chacao, esta plaza concentra a todos aquellos que migraron de la plaza Altamira por su ubicación céntrica y naturalmente ruidosa. Juan Carlos Andrade, vecino del municipio, es un de ellos: “Me harté del sonido de los patineteros que tomaron Altamira, cerca del Obelisco, y del corneteo de un tránsito congestionado. Por eso allá cada vez es más difícil encontrar abuelos, niños y mascotas, que migraron a Los Palos Grandes”. Sin embargo, los vecinos de los edificios aledaños se quejan de que los continuos eventos en la plaza perturban la paz de las noches.


(RECUADRO)

Cuna de la fusión


José Luis Ávila

Pero no sólo el ruido reina en las calles. Una creciente movida musical también marca la nota de las noches caraqueñas, en las que en cada una hay presentaciones de bandas en vivo: del rock a la salsa, de la electrónica al merengue. Cada noche Caracas es una fiesta y también fue la cuna para que la Movida Acústica Urbana floreciera.

Nació en 2007 con un colectivo de músicos que unieron esfuerzos para dar a conocer su trabajo, pero también al nuevo sonido de la música venezolana. Con influencias del jazz, el rock y la salsa tocaban la música venezolana de siempre, pero con una creatividad inédita.

Seis agrupaciones comenzaron la movida: C4 Trío, Kapicúa, en Cayapa, Los Sinvergüenzas, Carlos Capacho y el colectivo vocal Piso 1, pero en el camino se le sumaron más agrupaciones e invitados especiales. Fueron más de 300 conciertos en 5 años. Sin embargo, la historia no termina aquí. En 2011, Álvaro Paiva y Diego “El Negro” Álvarez crearon Rock&MAU, la fusión entre la música tradicional venezolana y las bandas nacionales de rock. Fue así como los éxitos de La Vida Boheme, ViniloVersus y Los Mesoneros —por nombrar sólo tres agrupaciones— sonaron con arreglos de cuatro, arpa, maraca, trompeta y guitarra eléctrica.

La iniciativa se convirtió en un disco bautizado a sala llena en la Ríos Reyna del Teatro Teresa Carreño este mismo año. La MAU, ahora replicada en Sao Paulo, Brasil, es sin duda uno de los movimientos musicales más brillantes que hayan surgido en Caracas, y lo mejor es que el ingenio sigue.



(RECUADRO)

Así suena la violencia

Allá arriba, muy en lo alto del barrio Santa Cruz del Este en Baruta, Gladys García pide que en los barrios de la ciudad cese el fuego que marca la zozobra de quienes viven en este sector, y en cualquier otro de Caracas. La semana pasada su oído se estremeció luego de una ráfaga de disparos, como sonido más elocuente de la violencia capitalina. En diciembre, comenta, que las detonaciones de armas de fuego se confunden con el cañonazo y fuegos artificiales.

“Quisiera escuchar a Caracas de otra forma, pero desde los barrios no se escucha otra cosa. Antes, oía a los muchachos haciendo deportes en la cancha de acá de Santa Cruz, pero desde que la tumbaron para hacer un gimnasio vertical que nunca terminan, sólo nos quedamos con el sonido de los tiroteos. A veces me despierto por la ráfaga de plomo que pone en zozobra a la población. Por ejemplo, hace poco, durante la fiesta de la Virgen del Carmen, lo que se escuchó no fue precisamente cohetes”, recordó García.

Si se rescatan los espacios públicos, se le arrebata a la delincuencia un lugar donde desarrollarse. Citó el caso de Sabana Grande, que antes emanaba ruidos molestos por el asentamiento de comerciantes informales y el viernes pasado sirvió como plaza del grupo San Luis, llevados por Pdvsa La Estancia. “Ojalá y como Sabana Grande, existan otros espacios que puedan ser rescatados”, concluyó.


(RECUADRO)

Chacao le baja dos


Desde 2011 la Alcaldía de Chacao ejecuta el programa Bájale dos que en consiste en identificar las zonas más ruidosas del municipio a través de un mapa de zonificación. Eduardo Martín, consultor jurídico de la Dirección de Ambiente, indicó que a la altura del distribuidor Altamira, en horas pico, se pueden generar hasta casi 90 decibeles de ruido, de acuerdo con el flujo vehicular que transite por esta arteria.

Señaló que desde la aplicación del programa hasta la fecha han logrado que 12 empresas del municipio reduzcan la emanación de sonidos molestos que han causado malestar entre vecinos. “Cuando la alcaldía hizo el mapa no se encontraron antecedentes en todo el país sobre estos estudios de contaminación sónica. Por esa razón consideramos oportunos que, al menos en las principales municipios del país, el Ministerio del Ambiente desarrolle los análisis que tengan a lugar”, dijo Martín.





LasCifras

65

decibeles es el máximo de ruido tolerable que registra la OMS, en Caracas se rondan los 70 u 80 decibles

5.000

puntos de la ciudad estudió el Ministerio del Ambiente en 2010 y diagnosticó que la principal fuente de contaminación auditiva es el sonido de los carros


@dapy_


dpalacios@el-nacional.com