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“Cualquiera daría la vida por tener el Ávila”

Anabella Gabaldón | Foto: Omar Véliz/Manuel Sardá/El Nacional

Anabella Gabaldón | Foto: Omar Véliz/Manuel Sardá/El Nacional

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Anabella Gabaldón es tenaz como la montaña que escala. Procedente de Maracaibo, hace un cuarto de siglo llegó a Caracas y desde entonces sube el Ávila con regularidad. Al principio, cuando era una adolescente de 17 años iba por los senderos terrosos solo para pasear. Correr y recorrer estos espacios le ha otorgado la paz suficiente para sobrellevar sus responsabilidades de madre, esposa y comerciante.

“Maracaibo es completamente plana, así que cuando llegué a Caracas comencé a subir el Ávila, pero lo hacía de forma relajada. Hace cinco años me uní al club de corredores Cuatro Elementos, en el Parque del Este, y empecé a inscribirme en carreras. Me encanta correr al aire libre. No me gusta el encierro de un gimnasio”, dice Anabella.

“Caracas es una ciudad supercomplicada, con un tránsito infernal y con los problemas generados por el estrés de atender la familia, el trabajo y los múltiples compromisos. Cuando voy a la montaña siento que vivo mi momento. Me encanta la paz que me brinda el Ávila, y a pesar de que físicamente baje muy cansada lo hago renovada", Además, encuentra una gratificación adicional en el clamoreo de las guacamayas, la elegancia de las garzas y la vistosidad de los lirios fucsias del Parque del Este.

Anabella Gabaldón agradece que la ciudad tenga este tipo de espacios que le proporcionan alegría y son ideales para el entrenamiento: “Siento que soy más caraqueña que maracucha. Es cierto que la ciudad tiene muchos puntos en contra pero también ofrece miles de alternativas. El Ávila es un privilegio que tenemos los venezolanos. Es un sitio mágico porque ofrece todas las alternativas para lo que quieras hacer. Es envidiable y en cualquier otro país o ciudad de Venezuela darían la vida por tener una montaña como la que tenemos”, reflexiona la corredora para quien estos lugares representan la nobleza.