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Aceras y rayados no se mendigan

Desde el carro luce perfecto el paisaje, pero desde el andar no lo es tanto: los desniveles y la ausencia de rampas dificultan andar por las aceras, indicó la fuente | Foto: Leonardo Guzmán

"Desde el carro luce perfecto el paisaje, pero desde el andar no lo es tanto: los desniveles y la ausencia de rampas dificultan andar por las aceras", indicó la fuente | Foto: Leonardo Guzmán

El hospital San Juan de Dios es un espacio introvertido en la urbanización Valle Arriba, que podría convertirse en “sanador urbano” si se expresara hacia fuera

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Un señor de entre 70 y 80 años de edad baja con dificultad la calzada del hospital, que queda encumbrado en una loma. Avanza con su bastón por el medio de la calle, pues es la única superficie medianamente homogénea, libre de incómodos promontorios. La acera está levantada aquí y allá, no tiene rampas. No está pensada para peatones, menos para gente con dificultades para caminar. Cuando llega a la intersección con la Avenida Principal de Colinas de Valle Arriba ignora que no hay un rayado peatonal ni nada que lo resguarde. Cruza la calle directo hacia las escaleras que están justo al frente, por donde subirá al barrio El Güire. La otra opción sería subir o bajar cerca de 100 metros para poder cruzar la misma calle y regresar para tomar las escaleras. Un absurdo.

El hospital pediátrico San Juan de Dios en cierta forma está “escondido” en Colinas de Valle Arriba, y  por tanto forma parte de esa lógica urbana del sureste de Caracas: está metido en una trama irregular de calles donde los vehículos son los que determinan las dinámicas del espacio. A pesar de que hay caminerías con muchos jardines y árboles, con un enorme potencial peatonal que va más allá del ejercicio y el paseo de mascotas, la lógica que prevalece es la del auto. El acceso al hospital, las rejas de entrada y su estacionamiento hablan de áreas pensadas más para la facilidad del conductor y no tanto para quienes llegan a pie o en autobuses de esos que para subir o bajar hay que contar con extremidades “en forma”.

Desde el carro luce perfecto el paisaje, pero desde el andar no lo es tanto: los desniveles y la ausencia de rampas dificultan andar por las aceras. Sin contar que hacia abajo se estacionan carros y se las apropian y hasta hay vallas permisadas por la Alcaldía de Baruta atravesadas sin pudor. La presencia del hospital reclama un contexto de aceras, cruces peatonales, semáforos, señalética y áreas de descanso totalmente distinto. Y hay una enorme oportunidad, tomando en cuenta que este es un lugar agradable, verde, cercano a los campos de golf, con colinas con hermosas vistas hacia la ciudad.

Si el hospital se expresara más hacia fuera, se convertiría en una centralidad urbana que ayudaría a sanar esta singular enfermedad de mandar a los viandantes al último escalafón de la movilidad y a los que les toca mendigar lo que por ley les pertenece.

El hospital es ciudad
Gerardo Zavarce es curador de arte. De niño conoció la hospitalidad del San Juan de Dios. Y en cierta forma le está retornando el gesto. Junto a varios artistas, y a través del programa FIA Todo Terreno, realiza intervenciones en áreas del hospital. Invitó a Maylee Coll, quien realizó una intervención cromática en un jardín posterior. A Flix Flix le propuso intervenir el parque infantil y la parada de bus, como un gran llamado de atención. Están pendientes las intervenciones de Emilio Narciso y María Virginia Pineda.

Su intención va más allá de lo estético: que el hospital adecue sus áreas para los peatones y que se abra y conecte más con el entorno. Que la urbanización incorpore una señalética que haga referencia al hospital. Que el cafetín ofrezca el mejor café de Caracas. Que abra espacios para las bicicletas y comparta sus jardines con la ciudad como una forma activa e integral de sanación.