• Caracas (Venezuela)

Brian Fincheltub

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Ni para perrarina

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Si nos tocara comparar nuestra realidad actual con el pasado, jugando un poco hobby favorito del desgobierno madurista, varias cosas serían las que nos ayudarían a confirmar que lo que vivimos hoy no tiene precedente en nuestra historia. Quizás al principio funcionó aquello de “la cuarta”, culpar de todos los males de nuestro país a los cuarenta años de democracia, repetir que la reconstrucción tomaría tiempo, que había que desmontar la estructura del Estado “pequeño-burgués”. En fin, un discurso atractivo para los excluidos que se vendió muy bien, como siempre se vende todo aquello que exacerbe el resentimiento y que nos haga creer que nuestros fracasos personales son responsabilidad de otros.

¿Estábamos mal? Nadie lo duda, pero de allí a decir que estábamos peor que ahora hay un gran trecho. Para que tengan una idea, si analizamos  la mentira preferida del aparato de propaganda oficial, esa que reza: “En Venezuela antes la gente comía perrarina”. Partiendo del lejano supuesto que esa afirmación sea real, dando credibilidad al único artículo que habla del tema, uno de la revista “Producto” de 1990, que para la época tenía todo menos credibilidad, tenemos que si hoy quisiéramos comer perrarina, sería cuesta arriba. Primero, porque como ha sido siempre, el alimento para perros y gatos es más caro que la carne, con el agravante que en la actualidad también escasea.

El mismo artículo de la mencionada revista, también reseña la variación de precios que sufrían en la década de los noventa los artículos de primera necesidad, situación que se reflejaba directamente en el aumento de la pobreza. Si nos tocará escribir hoy sobre la variación de los precios para una revista de circulación mensual, lo más probable es que al momento de la publicación el articulo este desfasado de la realidad. Aquí los precios varían prácticamente todos los días y no estamos lejos de llegar a la situación que se vivió en Argentina, cuando como consecuencia de la hiperinflación, la gente se sentaba a comer en un restaurante viendo un precio inicial en el menú y al terminar de comer tenía que pagar otro.

Si hablamos de la pobreza, principal bandera del llamado “socialismo del siglo XXI”, no solo a lo interno, sino internacionalmente, tenemos que solo dos años de crisis bastaron para regresarnos a los niveles de 1998. Pese a haber contado con más de diez años de bonanza petrolera, con un barril sobre los cien dólares y un presupuesto nacional calculado a un promedio de cuarenta. La conclusión es que plata hubo mucha, lo que no hubo fue una verdadera intención de sacar a los venezolanos de su condición de vulnerabilidad, sino hacerlos más dependientes del Estado.


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