• Caracas (Venezuela)

Brian Fincheltub

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El gobierno de los cerdos

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Antes que me metan preso, quiero aclarar que el título de mi artículo hace alusión al libro Rebelión en la granja, del escritor británico George Orwell, quien retrata en su obra el proceso natural dentro de cualquier grupo social de formación de élites y de corrupción. En consecuencia, no nos hacemos responsables si otros cerdos se sienten aludidos; pedimos disculpas si eso pasa, pero no es nuestra intención ni costumbre ofender.

Rebelión en la granja es una sátira del estalinismo soviético, una representación del anhelo de una granja dominada por el despotismo de lograr la igualdad y construir un gobierno regido horizontalmente. A la cabeza del movimiento están los cerdos, su sabiduría los hará sembrar la semilla de la rebelión entre los demás animales, quienes, cansados de la explotación y el encierro, deciden insubordinarse contra un viejo tirano que los mantenía dominados y confinados al trabajo forzado.

Construir una granja de “iguales” es el deseo de la mayoría, quienes no escatimarán en recursos físicos y sacrificios personales para lograrlo. Inspirados por la ola revolucionaria expulsan a los humanos que los oprimían, dictan nuevas leyes y redoblan sus esfuerzos para ser autosuficientes y mejorar su calidad de vida, formando una corriente llamada el “animalismo”, que recoge todos los principios de la ideología igualitaria.

Maravillados por el triunfo, los animales se dedican a destruir los últimos vestigios de servidumbre: cadenas, riendas y látigos. Acto seguido, los animales disfrutan de una doble ración de maíz y comienzan a cantar sus propios himnos. Todos deciden convertir la casa de los humanos en un museo y establecen que ningún animal podrá vivir en ella.

Los cerdos confiesan que han aprendido a leer y reemplazan el letrero “Granja Manor” por “Granja de animales”. Resalta un mandamiento sobre todos: Todos los animales son iguales. Estos deciden iniciar la cosecha, pero las vacas, que no han sido ordeñadas desde hace tiempo, comienzan a mugir con fuerza. Los cerdos las ordeñan y el resto de los animales contempla con hambre los cinco tobos de leche, ellos se “encargarán” de la leche y también de “cuidar” la casa de los humanos.

Durante todo el año, los animales se rompen el lomo trabajando, con el fin de producir suficiente alimento y de construir un molino. Los líderes recortan las raciones y los animales no reciben comida si no trabajan los domingos en la tarde. Pero como los líderes los han convencido de que ya no trabajan para el Sr. Jones -el antiguo dueño- sino en beneficio propio, los animales aceptan el trabajo extra.

Durante el invierno, los animales se dedican a reconstruir el molino. En enero, el alimento comienza a escasear, hecho este que los animales mantienen en secreto para que nadie crea que la Granja de Animales está fracasando. La escasez siempre es respondida por los cerdos con acusaciones de sabotaje y denuncias de conspiración.

El alimento se vuelve cada vez más escaso y los animales, salvo los cerdos y los perros, reciben porciones cada vez más reducidas. El líder único, llamado Soplón, un cerdo, continúa con sus estadísticas con el fin de comprobar que, aún tras los “reajustes”, las raciones siguen siendo más sustanciosas que antes. Después de todo, afirma Soplón, cuando los cerdos y los perros se alimentan bien, toda la comunidad se beneficia.

Se hace obligación asistir a unos eventos llamados “demostraciones espontáneas” en las que los animales deben marchar alrededor de la granja, escuchar discursos y exaltar la Granja de Animales. El gobierno le da estatus de república a la Granja de Animales, y un cerdo, el único candidato, se vuelve su presidente por votación unánime.

Por más estragos que causa la escasez, cuando la granja recibe suministros, los animales se contentan, pese al murmuro cada vez más fuerte de que los cerdos compran whisky y nadie sabe de dónde sacan el dinero.

Años más tarde, buena parte de los animales había envejecido y muerto. Pocos recordaban los días previos a la rebelión. La granja parecía más rica, pero solo viven bien los perros y los cerdos. De todos los mandamientos del “animalismo” solo queda uno: “Todos los animales son iguales”, con una pequeña adición: “pero algunos animales son más iguales que otros”.

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@Brianfincheltub