• Caracas (Venezuela)

Brian Fincheltub

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La fiesta privada

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Una camarilla se ha apoderado del país y ha convertido a Venezuela en su fiesta privada. Son unos pocos privilegiados y millones los que miran cómo continúan su rumba en medio de la mayor crisis económica y social que hemos vivido como nación. Sus carros blindados, sus contratos en dólares y sus aviones privados chocan en la cara de quienes sufrimos producto de la inseguridad, el desabastecimiento y los sueldos de hambre del socialismo.

Ellos pueden darse el lujo de hacer mercado en las islas del Caribe, mientras los venezolanos debemos hacer interminables colas para acceder a los productos básicos. Es el “privilegio” de ser parte del grupito que usufructúa el poder. Un salón de fiesta donde no caben 29 millones, sino que solo logran entrar los más adulantes, los que menos tienen escrúpulos, los de peor currículo o prontuario, como ustedes quieran verlo.

Si Venezuela fue una finca cuando gobernaba Juan Vicente Gómez, ahora pudiéramos decir que es una piñata. Pero una a la cual no le queda nada adentro y cuyo cascarón vacío es disputado por quienes asisten a la fiesta privada. No hay con qué llenarla de nuevo, pero la música sigue y pagan millones para que siga sonando.

Antes, los banquetes eran tan grandes que al menos quedaba algo para quienes no estaban invitados. Ahora cuando no hay sobras, los excesos se han hecho más que evidentes. Es fácil saber quienes son los enchufados cuando los ves pasar en sus camionetas del año escoltados. La crisis solo hará más visible a la élite, porque cada vez más será mayor la diferencia entre quienes están invitados y quienes no.

Hasta en la Francia del siglo XVIII que apenas empezaba a conocer de la igualdad y la libertad, los excesos de una monarquía que no escatimaba en lujos causó la indignación de un pueblo que no tenía ni pan. La historia recuerda los banquetes de Antonieta, pronto se escribirá de los banquetes de la boliburguesía. Sobre el final de esta fiesta nada está escrito aún, que sea diferente solo dependerá de nosotros. Dependerá sobre todo si elegimos seguir viendo o acabamos con la fiesta de unos pocos.

 

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@Brianfincheltub