• Caracas (Venezuela)

Brian Fincheltub

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La fábula del lobo y el perro

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Un lobo que se encontraba hambriento, muy flaco, casi en huesos, se tropezó con un perro gordo y sano, que andaba recorriendo el bosque. En otra situación, atacarlo y comerlo era la opción más fácil para el lobo, pero con un enemigo en mejores condiciones físicas, la pelea hubiese sido feroz y desigual.

El lobo se le acerca para dialogar y halagarlo por lo bien que se lo veía, a lo que el perro respondió:

—No estás tan bien como yo, porque no quieres, deja el bosque y a tus amigos. Sígueme y tendrás una vida excelente, llena de abundancia. Y el lobo preguntó:

—¿Y qué tendré que hacer?

—Casi nada, dijo el perro: atacar a quien ponga en peligro al amo; querer a los dueños de casa y siempre complacerlos. Con algo tan simple como eso que te digo, tendrás las sobras de todas las comidas, huesos de pollos, carne fresca, frutas, verduras y a veces el hijo del amo me pasa la mano por el lomo. Yo solo meneo la cola, callo y como.

El lobo se sintió feliz y lleno de gozo. Mientras caminaban hacia la casa del amo del perro, el lobo se dio cuenta de que el perro tenía heridas en el cuello.

—¿Qué es eso? –preguntó.

—Nada.

—¡Cómo nada!

—Una tontería.

—Pero algo es, esa peladura en el cuello.

—Será la señal del collar con el que a veces estoy atado.

—¡Atado! –exclamó el lobo.

—¿Tú no vas y vienes adónde quieres?

—No siempre, pero eso, ¿qué importa?

—Importa tanto, que no quiero ni el más grande de los tesoros, por renunciar a mi libertad. –Terminó de decir el lobo y se alejó corriendo rápidamente rechazando la oferta que le había hecho el perro.

Hoy, inspirado por la fabula del colibrí que publicó ayer Laureno Márquez en su acostumbrado articulo de los viernes, reproduzco otra famosa fabula sobre la libertad. Tal como el colibrí que se niega a ver el bosque en llamas sin hacer nada, aunque la poca agua de recoja en su pico no detenga el fuego, el lobo prefiere el trabajo duro en libertad, que el placer en esclavitud. Nuestras acciones individuales hacen la diferencia, trabajar por una Venezuela mejor, donde se respeten los derechos de todos, donde nadie sea perseguido por pensar distinto puede generar resultados diferentes. Muéstrale a quienes aún creen en otra opción que es posible vivir mejor. Es difícil abandonar la comodidad, a veces es más fácil ver el bosque ardiendo desde lejos. La diferencia la hacemos cuando profesamos con el ejemplo.

Ambos relatos milenarios nos dejan un solo mensaje en estos momentos tan difíciles: No podemos ser indiferente en tiempos de opresión. Atados a la Constitución nacional y las leyes, debemos trabajar duro por la libertad de 28 millones de venezolanos. Seamos como el lobo y el colibrí, no dejemos que la apatía y la resignación se apoderen de nosotros. Siempre habrá esperanza mientras tengamos la voluntad de cambiar.

 

Brian@juventudsucre.com

@Brianfincheltub